Más allá del rebaño: comprender a las ovejas desde su experiencia y su escala corporal

Investigación original
Issue 33 March 2026

Escrito por Marika BellCPDT-KA, MA


Revisado por expertos

Resumen

La proximidad en la convivencia de las ovejas (Ovis aries) con sus cuidadores humanos nos brinda la oportunidad de influir directamente en la comprensión de quienes las crían. La premisa de mi investigación es utilizar métodos tanto cuantitativos (distancia con respecto a otros individuos de la misma especie) como cualitativos (empatía corporal) para destacar la individualidad de las ovejas y sentar las bases de un argumento moral análogo al de la personalidad. El primer objetivo de este estudio es utilizar mediciones relevantes en cuanto al tamaño para observar a las ovejas, con el fin de determinar sus intereses sociales. El segundo es reflexionar sobre el uso de este método para cambiar el paradigma de que los animales no humanos son meros objetos de consumo. Durante el periodo de investigación de tres meses, medí dos variables: la proximidad y el tipo de interacción con los congéneres. Luego, utilizando un método biocéntrico para interpretar estos comportamientos/interacciones, se concluyó que las ovejas de este estudio muestran una preferencia por otras ovejas específicas. A partir de la preferencia de las ovejas, podemos inferir la «amistad», definida como la elección de pasar tiempo con otros específicos. Este comportamiento sugiere una vida emocional más rica de lo que normalmente se atribuye a los animales no humanos, en particular a los utilizados en la producción de carne, y, por lo tanto, una justificación para otorgar a estos animales una condición moral similar a la condición de persona. Al tratar de comprender a las ovejas, los seres humanos podemos practicar la ampliación de nuestro círculo moral para incluir a los animales no humanos. Esta toma de conciencia puede aplicarse para promover el consumo ético y no solo comprender mejor las necesidades de bienestar de los animales no humanos, sino también su calidad de vida. Estos estudios pueden ser un paso hacia la comprensión de la condición de sujeto en los seres distintos del humano, a medida que avanzan las investigaciones sobre las perspectivas de los animales no humanos en los campos de la antrozoología, la ética del cuidado y la ciencia del comportamiento aplicada.

Introducción

La Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal (Andrews et al., 2024) fue firmada inicialmente por 40 expertos mundiales en conciencia humana y animal, que plantearon y respondieron la siguiente pregunta:

“¿Qué animales tienen la capacidad de experimentar conciencia? Aunque sigue habiendo mucha incertidumbre, han surgido algunos puntos de amplio consenso. En primer lugar, existe un sólido respaldo científico para atribuir la experiencia consciente a otros mamíferos y aves. En segundo lugar, la evidencia empírica indica al menos una posibilidad realista de experiencia consciente en todos los vertebrados (incluidos los reptiles, los anfibios y los peces) y en muchos invertebrados (incluidos, como mínimo, los moluscos cefalópodos, los crustáceos decápodos y los insectos). En tercer lugar, cuando existe una posibilidad realista de experiencia consciente en un animal, es irresponsable ignorar esa posibilidad en las decisiones que afectan a ese animal. Debemos considerar los riesgos para el bienestar y utilizar las pruebas para fundamentar nuestras respuestas a esos riesgos.”

Teniendo en cuenta esta declaración, quienes trabajan con animales no humanos, ya sean investigadores, cuidadores, trabajadores de la industria cárnica o simplemente personas que alimentan a los patos en el parque, necesitan medidas prácticas para abandonar el paradigma tradicional occidental/kantiano de explotación de los animales no humanos. Aunque la declaración anterior no nos parece radical a muchos de los que trabajamos a diario con animales no humanos, los firmantes de la declaración sacan a la luz el consenso científico actual sobre la conciencia, la cognición e incluso las emociones de los animales no humanos para el público y los responsables políticos. El autor plantea la hipótesis de que la forma de que la sociedad acepte este consenso es a través del reconocimiento personal de estos rasgos en los animales no humanos que cuidan. Por lo tanto, el concepto de “personalidad” podría ser útil en este ajuste cultural. Milton (2005) sugiere que los criterios para la condición de persona pueden incluir: emociones, intenciones e individualidad. La importancia de estos criterios se hace evidente cuando se defiende la personalidad de los animales no humanos que, según la percepción occidental tradicional, carecen de estas características. Como ilustra Pardo (2023, p.1), quien afirma: “Un análisis de estas decisiones sobre la personalidad jurídica revela que los tribunales han rechazado las complejas capacidades cognitivas de los animales como justificación para una ampliación de la ley. Los tribunales han tenido cuidado de afirmar que los cambios legales que transforman la sociedad deben originarse en las legislaturas, no en los tribunales.”

Examinemos cómo se podría reconocer la personalidad jurídica en los animales no humanos cuyas vidas están profundamente entrelazadas con los sistemas humanos, en particular aquellos que a menudo se pasan por alto. Las ovejas, como animales domésticos criados principalmente para el consumo, ocupan un espacio paradójico: están físicamente próximas a los seres humanos, pero conceptualmente distantes en cuanto a la consideración moral. Sus comportamientos sociales, expresiones emocionales y preferencias individuales rara vez se reconocen más allá de su utilidad agrícola. Al centrarse en las ovejas, este estudio pretende cuestionar supuestos arraigados. La ontología kantiana afirma que las ovejas existen principalmente (o completamente) para el uso de la humanidad (Kant, 1963; Singer, 2009), incluida la definición biológica de las ovejas; concretamente, las ovejas son herbívoros domesticados, lo que centra su “uso” en los seres humanos. El enfoque kantiano define a las ovejas como instrumentales: para la carne o la lana. Según Sealey y Charles (2013, p. 498), la propia palabra “cordero” “denota el producto consumible de la carne animal”. Este paradigma también define a las ovejas por su sociabilidad y su lugar espacial en la cultura humana: son animales de rebaño, que se encuentran en granjas y campos. Y, por último, las ovejas pueden definirse como metáforas: a menudo, el término “oveja” se utiliza para describir a un ser humano con modales suaves, un seguidor o alguien que no puede pensar por sí mismo (Mullin, 1999).

Un paradigma opuesto busca incluir a las ovejas en una perspectiva cosmológica y destaca su presencia dentro de la categoría de animales no humanos, con todos los requisitos de la personalidad (Giri, 2006). Al adoptar una perspectiva global, Giri (2006, p. 1277-1292) señala que “la cosmopolitización es un proceso continuo de crítica, creatividad y traspaso de fronteras que implica transformaciones en el yo, la cultura, la sociedad, la economía y la política”. Además, señala que la “dignidad entre especies” es una cuestión de “responsabilidad cosmopolita”, es decir, ampliar nuestro horizonte moral para garantizar que nuestra perspectiva global abarque el respeto y la compasión por todas las especies.

Dentro de este paradigma cosmopolita, las ovejas se definen de manera inclusiva como “personas”, tal y como describe Ingold (1988, citado en Nadasdy, 2007, p. 32). Aquí, se entiende por “personas” seres con intenciones y propósitos, que no se parecen necesariamente a los humanos, pero que están moldeados por sus preferencias, inteligencia y comportamientos sociales únicos. Este paradigma también identifica a las ovejas como “agentes”, retratándolas como individuos con perspectivas subjetivas en las que son los protagonistas centrales de su mundo (Nadasdy, 2007). Esto se demuestra a través de su capacidad de acción y sus preferencias personales (Law y Lien, 2012). Además, el paradigma hace hincapié en las tendencias sociales de las ovejas, destacando su capacidad para conectar y establecer relaciones. El “vínculo” se describe como un impulso instintivo que ha evolucionado para fomentar el cuidado parental: “Las madres establecen vínculos fuertes y exclusivos con sus crías” (Marino y Merskin, 2019, p. 4). En conjunto, estas definiciones ofrecen una comprensión más matizada de las ovejas como seres relacionales e intencionales. Si hablamos de los seres humanos, asociaríamos este vínculo con la suposición de un apego emocional, una suposición que a menudo se niega a los animales no humanos que no ocupan nuestros hogares, en particular los de la sociedad occidental. En cambio, el vínculo se describe como instintivo más que emocional, especialmente en relación con los animales que se crían o explotan (Loughnan, Haslam y Bastian, 2010). Por último, el paradigma inclusivo de Ingold define las especies en función de su inteligencia (1988, citado por Nadasdy, 2007, p. 32). Nosotros (los seres humanos) solemos comparar la inteligencia de los animales no humanos con la inteligencia humana para tener una perspectiva, como se describe en Chapman y Huffman (2018) y se explica de forma elocuente en Merino y Merskin (2019); sin embargo, esta visión antropocéntrica de la inteligencia no es útil (Broom, 2016). En el caso de las ovejas, el comportamiento inteligente podría entenderse como la capacidad mejorada para determinar la seguridad y localizar fuentes de alimento o refugio (Marino y Merskin, 2019).

Supongamos que definimos a las ovejas utilizando este segundo paradigma, concediéndoles el beneficio de la duda en cuanto a las emociones y la inteligencia necesaria desde el punto de vista evolutivo, tal y como señalan los expertos mundiales en la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal. Resulta difícil considerarlas únicamente como objetos. Mientras que la filosofía kantiana caracteriza a las ovejas como tan diferentes de los seres humanos que no merecen o no son capaces de tomar sus propias decisiones o demostrar su capacidad de acción (Krumer-Nevo y Sidi, 2012), el reconocimiento de la capacidad de elegir en lo que respecta a las amistades con otros seres demuestra su potencial como “personas” (Latour, 2005; Bekoff, 2001). Propongo que, si pueden entablar amistades como las que se dan entre humanos, demostradas de formas reconocibles para las personas debido al conocimiento encarnado, es decir, los comportamientos asociados a la amistad, entonces este reconocimiento podría considerarse una prueba más de que los animales no humanos pueden tener un derecho innato a la condición de persona y a la consideración moral. Esta investigación puede ser un primer paso para allanar el camino hacia este reconocimiento.

Al observar a las ovejas en un entorno que les permite demostrar su agencia innata, podemos interpretar el comportamiento observado, utilizando una práctica de “conocimiento encarnado” o el uso de los propios sentidos físicos para comprender al otro. Este enfoque se alinea con el creciente reconocimiento en la neurociencia afectiva de que los animales no humanos experimentan una variedad de estados emocionales (Panksepp, 1998), lo que se refleja cada vez más en los estudios etológicos de los animales de granja (Boissy et al., 2007; Dwyer, 2008; Marino y Merskin, 2019), y con la investigación sobre animales de compañía que muestra que los cuidadores observan habitualmente comportamientos compatibles con la alegría, el miedo y el afecto (Serpell, 2019). Ver a los animales no humanos debe ser un requisito previo para conocerlos, y conocerlos es un requisito previo para cuidarlos (Hamington, 2008). Mi hipótesis es que podemos ver la preferencia de las ovejas por sus congéneres, o “amigos”, utilizando mediciones relevantes en cuanto al tamaño y, al hacerlo, resaltar la individualidad de las ovejas. En este artículo, propongo tres ideas:

    1. La “inteligencia” o capacidad cognitiva de las ovejas debe basarse en sus propias necesidades evolutivas, concretamente en la necesidad de crear vínculos sociales. Esto concuerda con las teorías de Burghardt (2007) y Horowitz y Bekoff (2007), y así lo describen Marino y Merskin (2019, págs. 5-14).
    2. Podemos y debemos utilizar ideas como la empatía encarnada de Hamington para ayudar a reconocer los comportamientos que apuntan a conexiones emocionales dentro del grupo social.
    3. Este método es una forma de salvar la brecha entre el paradigma de los animales no humanos como “cosas” y el de “personas”.

 

Métodos: Entorno, interacción y observación

Del 7 de octubre al 7 de diciembre de 2015, observé las interacciones y documenté el comportamiento de 20 ovejas de un rebaño de individuos con historias mixtas en un santuario rural de animales de granja en Lancashire, Reino Unido (ubicación: 53,8 latitud -2,4 longitud). En este artículo, defino “rebaño” como las ovejas individuales que viven en la misma propiedad y permanecen muy cerca del rebaño más grande (en relación con otros subrebaños de la propiedad). Utilizo el término “subrebaño” para referirme a las ovejas que se han separado del rebaño más grande. Hay que tener en cuenta que estos grupos se forman y se reforman a medida que cambian las actividades. Por ejemplo, la oveja A puede formar parte del rebaño más grande mientras pasta, pero puede retirarse con un subrebaño mientras descansa. Para ambas definiciones, he esbozado las medidas en “longitud de oveja”. Anoté estas observaciones en proximidad (durante las tareas de cría) y a distancias de entre 30 y 150 metros entre las ovejas y yo. Estos rangos de distancia permitieron realizar observaciones que no alteraran su comportamiento. Estas observaciones escritas o grabadas en voz alta incluyeron notas que sumaron más de 80 periodos que duraron entre cinco minutos y una hora. Estos “controles” aleatorios ayudaron a mitigar el sesgo del observador y permitieron observar una mayor variedad de comportamientos. Durante cada control, anoté los comportamientos de las ovejas y el tipo de interacciones que tenían lugar. Para ofrecer una medida objetiva en lugar de los términos subjetivos “cerca” o “lejos”, utilicé la abreviatura SL o “longitud de oveja”. Este método se adaptó de la herramienta de evaluación de la respuesta animal de Clothier (Clothier, s. f.) y a través de la comunicación personal (correo electrónico y conversaciones directas) (febrero de 2025). La evaluación de Clothier indica la importancia del tamaño del animal observado en lugar de la simple medición, es decir, una distancia de 1,5 metros entre dos rinocerontes tiene una implicación diferente a una distancia de 1,5 metros entre dos ratones. A una distancia de 1,5 metros, los ratones no necesariamente se darían cuenta de la presencia del otro, mientras que los rinocerontes casi con toda seguridad interactuarían. Por lo tanto, reconocer la longitud y el tamaño del animal no humano es un indicador más relevante de la interacción social. Para esta investigación, se observan cinco longitudes de oveja (5SL) como una interacción. Más de (5SL) se clasificó como “solo”.

Las observaciones incluían tres categorías principales: perturbaciones causadas por el observador u otros cuidadores (tareas de cría, es decir, alimentación, limpieza o mantenimiento del campo), perturbaciones del entorno (como ciervos, clima o lesiones) y ausencia de perturbaciones observadas. Las observaciones señalan la cercanía, la regularidad y las circunstancias en las que los miembros del rebaño decidían interactuar. Por la noche, el descanso se producía con mayor frecuencia en grupo, pero, debido a la oscuridad y a los movimientos de las ovejas (si se les molestaba), era difícil observar quién descansaba cerca de quién. Por lo tanto, no incluí el descanso en las cifras. Definí los comportamientos basándome en la actividad y determiné las interacciones basándome en la longitud de las ovejas. Interpreté y clasifiqué el comportamiento como afiliativo, agonístico o neutro basándome en el contexto del comportamiento o la interacción, si la había. Su comportamiento se interpretó además utilizando los métodos descritos por Hamington (2008) como “empatía entre especies” o “conocimiento encarnado” como una forma de cuidar y conocer a otros animales. Hamington propone que el conocimiento encarnado es el conocimiento innato que poseen nuestros cuerpos y que nos lleva a una comprensión empática de otros que también tienen cuerpos. Este análisis también recurre a la explicación de Milton (2005) del egomorfismo como un proceso de “percibir características en otros animales en lugar de atribuir características a otros animales” (p. 255, énfasis original). A través de estas herramientas (longitud de oveja, empatía personificada y egomorfismo), he intentado evitar el error “sentimental” de atribuir características humanas a animales no humanos, también conocido como antropomorfismo (Rivas y Burghardt 2002, p. 9). Si bien debe reconocerse el sesgo hacia una perspectiva humana (Karlsson, 2012), también debemos reconocer que podemos estar igualmente sesgados hacia una perspectiva mamífera y una perspectiva de un ser biológico (un ser con un cuerpo, tal y como lo describe Hamington, 2008). Al reconocer todos estos sesgos potenciales, podremos llegar a conclusiones precisas sobre la perspectiva de los animales no humanos (Humphreys, 2023). A esto lo llamaremos “antropomorfismo crítico”, un término sugerido por Bekoff (2002, p. 87) y Burghardt (2007, p. 268) para interpretar el comportamiento a través de la reflexión y la comprensión del sesgo personal (Rivas y Burghardt, 2018), el comportamiento específico de la especie y la historia personal del sujeto individual (Shapiro, 1990; Sanders y Arluke, 1993), en este caso de ovejas.

Aunque observé un total de 20 ovejas, en aras de la claridad y la profundidad analítica, he decidido centrarme en los comportamientos y las interacciones de tres individuos concretos: Swayze, Endora y Mojo. Estos tres fueron adoptados previamente por el santuario de la granja, mientras que el resto del rebaño era propiedad de un ganadero local. Teniendo en cuenta que un estudio de mayor duración podría requerir una muestra más amplia, estos tres individuos como casos de estudio pueden señalar el camino hacia futuras investigaciones sobre el comportamiento social de las ovejas. Compartiré aquí sus biografías para destacar su individualidad, dar ejemplos de su comportamiento y demostrar cómo este conocimiento puede alterar la percepción que se tiene de un individuo. También se hará referencia al resto de miembros del rebaño por sus nombres. Debido al enfoque en tres sujetos, solo se analizan 12 ovejas en total. En cuanto a las ocho ovejas restantes que no se analizan, o bien no las observé durante las interacciones con las tres ovejas objeto de estudio, o bien solo tuvieron interacciones ocasionales clasificadas como «otras», como orinar o movimientos de las extremidades que no estaban claramente asociados con una interacción. Las investigaciones futuras se beneficiarían del uso de grabaciones visuales a largo plazo, de modo que se pudiera revisar la precisión de los comportamientos.

 

El modelo antropomórfico biocéntrico:

Para poner en práctica una forma de interpretación antropomórfica sensible a las especies, este estudio se basa en el marco más amplio del antropomorfismo crítico (Horowitz y Bekoff, 2007; Karlsson, 2022), pero se aleja de él. Mientras que el antropomorfismo crítico reconoce el papel de la perspectiva humana en la interpretación del comportamiento no humano, el antropomorfismo biocéntrico se centra específicamente en los animales como seres biológicos y hace hincapié en la empatía personificada como herramienta metodológica (Milton, 2005; Shapiro, 1990; Hamington, 2008). Se basa en las capacidades biológicas y sensoriales compartidas entre el observador y el sujeto para informar la interpretación, sin colapsar la diferencia entre especies. Este enfoque se opone a la reducción mecanomórfica (la atribución de características mecánicas a los animales no humanos) y se centra en la propia agencia del animal, su expresión emocional y su contexto relacional (Bekoff, 2002; Marino y Merskin, 2019).

El siguiente método combina –paso a paso– la observación espacial con la interpretación empática para explorar las preferencias sociales y las respuestas emocionales de las ovejas:

    1. Se realizaron observaciones espaciales de las ovejas durante un período de tres meses, utilizando intervalos aleatorios y distancias variables (30-150 metros) para evitar alterar el comportamiento natural. La proximidad se midió en unidades relevantes para la especie con el fin de rastrear el posicionamiento social.
    2. Se definieron las interacciones utilizando “longitudes sujetas” (SL), una métrica basada en la longitud corporal media de las ovejas. Las interacciones se clasificaron como dentro de 5 SL, mientras que las distancias superiores a 5 SL indicaban soledad. Esta norma permitió una codificación del comportamiento coherente y sensible al tamaño (Clothier, 2010).
    3. Se documentaron los comportamientos afiliativos y los patrones de proximidad recurrentes, como el descanso cerca de otros específicos o el movimiento sincronizado, interpretados como indicadores de preferencia social e inversión emocional (Reefmann et al., 2009; Marino y Merskin, 2019).
    4. Se hizo un seguimiento de las categorías de alteración, incluyendo la presencia de observadores, los factores ambientales y las condiciones sin perturbaciones, para contextualizar los datos de comportamiento y reducir el sesgo interpretativo (Fraser y Matthews, 1997).
    5. Se llevó a cabo una investigación de fondo sobre el comportamiento y la ecología a nivel de especie, junto con biografías individuales de ovejas, para informar tanto las interpretaciones generales como específicas de la dinámica social (Chessa et al., 2009; Mullin, 1999).
    6. Se aplicó un marco interpretativo biocéntrico, tratando a las ovejas como sujetos con agencia. Esto implicó resistirse a las categorizaciones reduccionistas y permanecer abierto a los matices emocionales y relacionales (Bekoff, 2002; Horowitz y Bekoff, 2007).
    7. Se practicó la empatía encarnada y la reflexión egomórfica, utilizando mis propias respuestas sensoriales y emocionales como herramientas heurísticas. El egomorfismo —interpretar el comportamiento a través del prisma de la experiencia fisiológica compartida— se basó en el conocimiento etológico y se utilizó para enriquecer la interpretación del comportamiento (Milton, 2005; Shapiro, 1990).
    8. Centré el análisis en individuos específicos, al tiempo que hacía referencia al rebaño en general para contextualizar los roles sociales y los patrones relacionales (Brent et al., 2014; Christakis y Fowler, 2014).

Este método integra el rigor empírico con la atención ética, ofreciendo una vía para reconocer a las ovejas como individuos emocionalmente complejos con relevancia moral (Humphreys, 2023).

 

Resultados:

Biografías de las tres ovejas:

Estas biografías, junto con las fotografías de los sujetos Swayze, Mojo y Endora, se proporcionan aquí para concretar su individualidad y ayudar a los lectores a utilizar sus propios cuerpos para ampliar la empatía y la imaginación moral (Malecki, et al., 2019).

Swayze: Swayze es una hembra adulta (oveja) de la raza Herdwick. Según se informa, tiene 3 años y es la única oveja adulta del rebaño del santuario. Originalmente formaba parte de un pequeño rebaño de Herdwick que se criaba como mascotas antes de ser vendido a un granjero y, posteriormente, entregado al santuario tras dos años. El granjero informó que Swayze tuvo tres corderos (uno cada año) y que los dos primeros murieron a los pocos días. El tercero (un macho) nació a finales de la temporada de 2015. Swayze y su cordero eran los únicos dos Herdwicks del santuario en un rebaño de Texel Mules, una raza común de ovejas mezcladas por su resistencia y producción de carne. Por el contrario, las Herdwicks son ovejas de montaña resistentes y los corderos suelen tener el pelaje oscuro. Según el granjero que la entregó al santuario, cuando Swayze fue presentada por primera vez a las Texel, las otras ovejas parecían asustadas y huían de ella si se acercaba. En consecuencia, se volvió retraída; en palabras del granjero, “fue un golpe para su confianza”. Con su cordero en el santuario, pasaba la mayor parte del tiempo entre los juncos, donde se escondía. El cordero de Swayze fue retirado (destetado artificialmente) a principios de septiembre de 2015 por el granjero para ser vendido como carne. Swayze estuvo visiblemente angustiada durante 48 horas después de su retirada y lo demostró trotando de un lado a otro del campo con la cabeza levantada y vocalizando. Utilizando el antropomorfismo biocéntrico (Milton, 2005; Shapiro, 1990; Hamington, 2008), caracterizaría su comportamiento de búsqueda como muy angustiado. Esto se ve respaldado por el análisis del vínculo entre ovejas y corderos en Marino y Merskin (2019). Durante este tiempo y durante las semanas posteriores, Swayze embestía con la cabeza a los otros corderos si se acercaban a ella. Al comienzo de estas observaciones (tres meses después de la separación de su cordero), permitía que muchos de los corderos (ahora de más de 6 meses) permanecieran dentro de 3SL, pero se volvía agresiva (dando cabezazos) en otros momentos, principalmente cuando había comida preferida disponible.

Figura 1. Swayze (foto: Marika Bell).

Mojo: Mojo era un macho castrado de la raza Jacob, nacido en 2015. Mojo formaba parte del segundo grupo de ovejas que se trasladó al santuario. Llegó con su madre, siendo las dos únicas ovejas de la raza Jacob, una raza considerada resistente. Según el ganadero original, Mojo y su madre procedían de un rebaño compuesto exclusivamente por ovejas de la raza Jacob que se criaban con muy poco contacto humano y, por lo tanto, no mostraban ningún interés en interactuar con los cuidadores humanos. En el santuario, pasaron la mayor parte de sus primeras semanas a menos de 10 metros del subrebaño cruzado de Jacob y evitaban activamente a cualquier miembro del rebaño principal o a cualquier cuidador. La madre de Mojo fue retirada para la cría en septiembre de 2015. Desde entonces, pasó más tiempo con el nuevo rebaño de corderas y se le vio intentando montar a una de ellas aproximadamente una semana después de su destete. Desde la retirada de la otra oveja adulta, se le observó principalmente en compañía de Swayze. Ella parecía aceptarlo más que las corderas. Mojo evitaba a los cuidadores humanos, como lo demostraba el aumento de su velocidad para alejarse de ellos, aunque se sentía más seguro si había otras ovejas cerca.

Figura 2. Mojo (Foto: Marika Bell).

Endora: Endora era una hembra adolescente de raza Texel Mule. Durante el tiempo transcurrido entre su llegada al santuario y el destete, mostró un comportamiento curioso hacia los cuidadores humanos y mostró interés en interactuar. Aunque estuvo con su madre durante seis meses, el día del destete Endora vocalizó de forma intermitente durante unas horas, pero pareció superar su angustia con relativa rapidez. Durante su estancia en el santuario, fue tratada contra los parásitos como parte del protocolo normal de cría, al igual que las demás ovejas, pero también recibió antibióticos, un baño de pies y un recorte de pezuñas por una lesión en una pata que le provocaba cojera. Desde estos tratamientos, se mantuvo al menos a 10 metros de distancia de todos los humanos, a menos que estuviera encerrada en un corral, y no mostró interés en los cebos alimenticios para aumentar la interacción. Desde su estresante periodo de tratamiento por cojera, prefirió quedarse atrás con el rebaño en lugar de acercarse a los cuidadores humanos para recibir golosinas.

Figura 3. Endora (Foto: Marika Bell).

 

Descripciones del comportamiento

Registré dos docenas de comportamientos distintos en muchas –si no todas– de las ovejas del rebaño. Los clasifiqué en tipos de comportamientos y separé el comportamiento de pastar solo y pastar con otros elegidos (dentro de 5SL). Aquí utilizaré los tres sujetos para demostrar las interacciones identificadas.

La figura 4 muestra la frecuencia del comportamiento de cada oveja del estudio. Swayze pasó el 63,6 % del tiempo de observación pastando con otras ovejas, el 14,3 % del tiempo realizando comportamientos interpretados como recopilación de información, tales como “mirar”, “curiosidad” o “buscar”, y el 5,2 % pastando sola. Mojo pasó solo el 46,8 % del tiempo observado pastando con otras ovejas y el 27,7 % sola. Sus otros tres comportamientos más frecuentes fueron iguales, con un 4,3 % cada uno. Endora pastó con otras ovejas el 55,6 % del tiempo, pastó sola el 25,9 % del tiempo y pasó el 9,3 % del tiempo evitando o comportándose con miedo.

Figura 4(A).Las diferencias de personalidad se demuestran mediante la frecuencia de los comportamientos
(A)  Aparte de pastar, Swayze dedica la mayor parte del tiempo observado a recopilar información.

 

Figura 4(B). Las diferencias de personalidad se demuestran mediante la frecuencia de los comportamientos
(B) Mojo muestra una mayor variedad de comportamientos que Swayze o Endora.

 

Figura 4(C). Las diferencias de personalidad se demuestran mediante la frecuencia de los comportamientos
(C) Además de que pastar sigue siendo el comportamiento predominante, Endora dedica la mayor parte de su tiempo a comportamientos evasivos y temerosos.

 

La figura 5 nos muestra con quién preferían pastar las ovejas del estudio. Defino la preferencia como la elección de pasar tiempo con otros cuando existe la opción de no hacerlo. Esta preferencia se deduce de que todas las ovejas podían dispersarse en 8 hectáreas de terreno. La preferencia de actuar muestra agencia (Law & Lien, 2012). Swayze pasó su tiempo (60,4 %) con otras cuatro ovejas. La tabla también muestra que, entre las tres ovejas, ella tenía más compañeros de pastoreo en total (10). En comparación, Mojo solo tuvo cinco compañeros de pastoreo observados y pasó el 37,1 % de su tiempo solo. Las ovejas con las que pasó más tiempo pastando fueron Endora, Swayze y Berry, con un tiempo total del 45,6 %. Endora pasó el 31,8 % del tiempo de pastoreo sola; pasó un 47,7 % de su tiempo pastando con Swayze, Mojo o Lambington.

Figura 5(A). Porcentaje de tiempo que nuestras tres ovejas objeto de estudio pasaron pastando a menos de 5 SL de otras ovejas o solas.
(A) Swayze estuvo a menos de 5 SL de 10 de las otras 19 ovejas del rebaño durante los periodos de observación, sobre todo con Endora, Trouble, Lambington y Mojo. De las tres ovejas objeto de estudio, fue la que menos tiempo pasó sola.

 

Figura 5(B). Porcentaje de tiempo que nuestras tres ovejas objeto de estudio pasaron pastando a menos de 5 SL de otras ovejas o solas.
(B) Mojo pastó con 5 de las otras 19 ovejas; pasó la mayor parte del tiempo con Endora, Swayze y Berry. Sin embargo, pasó la mayor parte del tiempo solo durante los periodos de observación.

 

Figura 5(C). Porcentaje de tiempo que nuestras tres ovejas objeto de estudio pasaron pastando a menos de 5 SL de otras ovejas o solas.
(C) Endora también pasó la mayor parte del tiempo con solo 5 de las otras 19 ovejas del rebaño, principalmente Swayze, Mojo, Vadr y Lambington. También pasó más de una cuarta parte de los periodos de observación sola..

 

Quiero destacar que las figuras 4 y 5 solo nos muestran puntos de datos. No transmiten la empatía encarnada ni el conocimiento de la historia individual de los animales. Esta historia individual, junto con el conocimiento de los comportamientos específicos de cada especie, nos permite utilizar el conocimiento encarnado y la empatía para interpretar mejor estos resultados. Bekoff (2001) se refiere a esto como “crítico” o, como yo prefiero llamarlo, “antropomorfismo biocéntrico”, que está más específicamente en sintonía con los sujetos animales y se basa en capacidades biológicas compartidas. Este marco interpretativo se pone en práctica en el modelo esbozado en los métodos (sección 2.1), que combina la observación espacial con la interpretación empática para evaluar la preferencia social y la expresión emocional.

Los seres humanos y los animales comparten una condición encarnada. Son cuerpos diferentes, pero la posesión de cuerpos físicos en el espacio es un punto de partida para el conocimiento y la comprensión compartidos. El antropomorfismo biocéntrico permite al observador reconocer las preferencias, entenderlas como válidas y actuar en consecuencia (Bekoff, 2001; Burghardt, 2007). Broom (2016) demostró que las pruebas de preferencia se han utilizado durante mucho tiempo en la ciencia del bienestar animal para aclarar si los animales no humanos sienten dolor, satisfacción o incluso conciencia de su entorno.

Para demostrar que las cifras y los porcentajes de las tablas por sí solos no pueden darnos todas las respuestas que necesitamos, utilizaré el comportamiento de pastoreo como ejemplo de la necesidad del antropomorfismo biocéntrico. Elegí el pastoreo como tema central de esta categoría porque era el comportamiento que observaba con más frecuencia. El objetivo de recopilar esta información era averiguar si a las ovejas les importaba con quién pasaban el tiempo. Si no tenían preferencias, deberíamos ver una distribución aleatoria del tiempo que pasaban con los distintos miembros del rebaño. Si las ovejas prefieren a ciertos compañeros, cabría esperar verlas más a menudo a menos de cinco longitudes de oveja de esos individuos. Las investigaciones futuras se beneficiarían de una revisión en vídeo a largo plazo del comportamiento, junto con la tecnología actual de bandas de seguimiento para anotar el nivel de actividad. También hay que tener en cuenta que podría haber desglosado el término “pastoreo” en diferentes subcategorías. Por ejemplo, información sobre el pastoreo, pastoreo en un subrebaño, pastoreo dentro del rebaño completo, estar en un campo de acceso nuevo o pastorear en un campo de acceso antiguo, o pastorear a cierta distancia de otros subrebaños. Sin embargo, esto no era necesario para los objetivos de esta investigación.

 

Análisis

Los seres humanos han mantenido una relación recíproca con las ovejas durante al menos 11.000 años de coevolución (Chessa et al., 2009). Han criado ovejas en rebaños en parte debido a su naturaleza gregaria. Al igual que con la mayoría de los animales herbívoros/presas que viven en grupo, se supone que esta agrupación es un instinto de supervivencia, a menudo denominado ”seguridad en números” (Dwyer, 2008, p. 115). Esta técnica de supervivencia también puede considerarse no solo un instinto, sino una preferencia por pasar tiempo con otros individuos de mentalidad o intereses similares, lo que se demuestra en este rebaño por la formación de subgrupos de individuos temerosos. Los seres humanos también tienden a moverse hacia aquellos que son similares a ellos o con los que disfrutan pasando tiempo (Brent, 2014). Así pues, en lugar de intentar explicar el comportamiento similar de las ovejas como algo mecánico (Aaltola, 2008), es más prudente aceptar que elegir pasar tiempo con otras personas específicas cuando se tiene la opción de no hacerlo es una definición válida de amistad (Seyfarth y Cheney, 2012; Christakis y Fowler, 2014).

Revisemos el método cualitativo del antropomorfismo biocéntrico que utilicé para interpretar el comportamiento y las interacciones de las ovejas. El término “empatía cinestésica” de Shapiro (1990) fue descrito por Sanders y Arluke (1993, p. 383) como “el uso del conocimiento sobre la historia individual del animal y la construcción social de los animales de un tipo particular para «moderar e informar críticamente» la comprensión empática de las posturas, los movimientos y el uso del espacio de un animal”. Junto con la ética del cuidado personificado de Hamington (2008) y la aplicación práctica del egomorfismo de Milton (2005), constituye la base de la interpretación biocéntrica de las interacciones entre Swayze, Mojo, Endora, los demás miembros del rebaño y los cuidadores humanos.

Las posturas, los movimientos y el uso del espacio son indicadores especialmente importantes que describen comportamientos y preferencias específicos, según Suzanne Clothier (2010), experta en evaluación del comportamiento, que escribe y enseña sobre las pruebas de personalidad animal. Clothier utiliza habitualmente términos iguales o similares para describir los rasgos de temperamento, que desarrolló como estándar propuesto para una herramienta de evaluación llamada “CARAT” Clothier Animal Response Assessment Tool), que permite predecir las preferencias y reacciones de los animales en diferentes escenarios y nos ayuda a responder a la pregunta “¿Quién eres?”, a la hora de comprender a los animales (Clothier, 2010).

Para aquellos que podrían argumentar, como hace Dawkins (2007), que no podemos considerar los relatos personales sobre la intención de los animales no humanos como algo más que anécdotas, señalo a Wemelsfelder (2012, p. 224-228), quien sugiere que debemos esforzarnos por llevar a cabo una “investigación científica equilibrada y abierta” y no “dar por sentado sistemáticamente que la experiencia real de un individuo es inaccesible para los demás”, y a Bekoff (2001, p. 21), quien sostiene que “podemos ser antropomórficos desde un punto de vista biocéntrico y hacer ciencia rigurosa”. Por esta razón, incluí las biografías de las tres ovejas observadas en los métodos para ayudar a los lectores a comprender no solo sus motivaciones individuales, sino también para permitirles practicar su propio uso del antropomorfismo biocéntrico y, como sugirieron Sanders y Arluke (1993), utilizar nuestro conocimiento sobre la historia individual de los animales y su construcción social para moderar críticamente e informar nuestra interpretación.

Hay tres cuestiones principales que se están considerando aquí, cada una de las cuales contribuye a una investigación ética más amplia. (1) ¿Las ovejas establecen amistades? Esta pregunta es fundamental para los debates sobre la personalidad de los animales no humanos que suelen considerarse consumibles dentro de las ontologías occidentales tradicionales. Si las ovejas muestran preferencia por interactuar con individuos específicos, en lugar de distribuirse aleatoriamente, entonces tenemos la obligación moral de profundizar en su perspectiva (Boissy et al., 2007; Christiansen y Forkman, 2007; Dwyer, 2008; Marino y Merskin, 2019). (2) ¿Podemos interpretar el comportamiento de las ovejas de manera que nos permita acceder a sus estados mentales? Aunque no podemos utilizar el lenguaje humano para preguntárselo directamente a las ovejas, podemos aplicar el antropomorfismo biocéntrico para interpretar su comportamiento de forma crítica y empática (Bekoff, 2002; Burghardt, 2007; Sanders y Arluke, 1993; Wemelsfelder, 2012). (3) ¿Poseen las ovejas condición de persona y, en caso afirmativo, qué obligaciones éticas se derivan de ello? Si la respuesta es sí, o incluso tal vez, entonces debemos preguntarnos si nuestros deberes morales y éticos se extienden más allá del mínimo indispensable para el bienestar animal (estar libre del miedo, la sed, el hambre y el dolor) para incluir oportunidades de comodidad, placer y elección personal, lo que podríamos llamar bienestar (Balcombe, 2002; Chessa et al., 2009; Gruen, 2011).

La percepción negativa de las ovejas como “otras” puede reformularse mediante investigaciones como la que aquí se presenta, enmarcando las relaciones entre ovejas como una cuestión de preferencia y reconociéndolas en términos de amistad. Cambiar la percepción humana para ver a las ovejas como individuos con conexiones personales tiene el potencial de transformar la dinámica entre especies, yendo más allá de ver a las ovejas únicamente como objetos comestibles o metáforas de rasgos indeseables como la falta de inteligencia o la pasividad (Marino y Merskin, 2019).

La práctica de observar a las ovejas para determinar sus preferencias sociales —como la proximidad, el comportamiento afiliativo o la interacción selectiva— puede ayudarnos a reconocerlas como individuos con vidas relacionales distintas. Este reconocimiento nos invita a describir su comportamiento a través del antropomorfismo biocéntrico, un método que interpreta las acciones no humanas con empatía, sin dejar de basarse en el contexto específico de la especie. Esta interpretación no es meramente descriptiva, sino que activa nuestra imaginación moral (Hamington, 2008), animándonos a extender la consideración ética a los animales tradicionalmente excluidos de los marcos morales.

Además, una vez que hemos recopilado e interpretado los datos de comportamiento, podemos profundizar en la participación pública volviendo a presentar esta información de manera que resuene emocional y éticamente en el público humano. Esta segunda capa de antropomorfismo biocéntrico —traducir las observaciones científicas en narrativas relacionales— puede ayudar a salvar la brecha experiencial entre la vida humana y la de las ovejas (Bekoff, 2002; Hammington, 2008). Por ejemplo:

Swayze es distante y muestra poco interés en el contacto físico con otras ovejas. A pesar de su ambivalencia, muestra un sentido de cuidado hacia los demás miembros del rebaño, lo que se demuestra en su comportamiento de buscar peligros y llevar al rebaño a un lugar seguro o a la comida. Mojo está aislado por su falta de experiencia y socialización. Sin embargo, sigue intentando interactuar y es un solucionador de problemas que sabe a quién seguir y cómo conseguir lo que necesita. Endora es aprensiva y afronta cualquier experiencia nueva con la conciencia del peligro potencial, manteniéndose cautelosa y mostrando ansiedad y miedo a través de su evasión y su lenguaje corporal (Reefmann et al., 2009).

Milton (2005) define a una persona como alguien que experimenta emociones, intenciones e individualidad. Basándome en esta definición y en el uso del conocimiento incorporado (Hamington, 2008) para percibir las características de las ovejas, es decir, el egomorfismo (Milton, 2005), concluyo que las ovejas deben ser personas. Sin embargo, no puedo ni debo asumir que las ovejas son como las personas humanas. Las ovejas son biológicamente similares a los seres humanos (Chapman y Huffman, 2018): tienen un sistema nervioso, un cerebro complejo y comparten un antepasado común (lejano) con los seres humanos, y han evolucionado en el mismo planeta durante al menos 11 000 años junto a los seres humanos. Sin embargo, son un tipo de personas diferentes, y debemos resistirnos al intento de humanizarlas más de lo necesario para ayudarnos a extrapolar lo familiar a lo desconocido; de lo contrario, nos llevaremos a tratarlas con las expectativas que tenemos para las personas humanas, lo que previsiblemente nos llevará a la decepción, ya que no cumplirán esas expectativas (Dwyer, 2007; 2008).

Con herramientas adicionales, como transpondedores portátiles, collares GPS o análisis de vídeo asistido por IA, el modelo antropomórfico biocéntrico tiene implicancias para las relaciones entre humanos y animales no humanos. Como propone Hamington (2008), las relaciones significativas con animales no humanos nos permiten ejercitar nuestro “músculo de la imaginación” para extender el cuidado y la empatía a otros desconocidos: humanos o no humanos. Esta investigación propone un modelo para ver a los animales no humanos dedicando un breve periodo cada día a observar con quién pasa el tiempo cada animal no humano, para llegar a conocerlos como individuos dignos de consideración moral.

Para un humano dedicado a la cría de animales no humanos, este modelo de prueba de elección puede permitir el descubrimiento de preferencias que conduzcan a una mejor comprensión (Fraser y Matthews, 1997), bienestar y calidad de vida del animal en cuestión. Puede desarrollar la imaginación moral en una ética del cuidado que conduzca a superar la contradicción entre la empatía con los animales y el consumo (Hamington, 2008).

 

Conclusiones

Las conclusiones de la Conferencia sobre Psicología de las Relaciones Intergrupales entre Humanos y Animales (Edimburgo, 2-5 de julio de 2025) demuestran la creencia continua entre los defensores y los investigadores de los animales no humanos de que estos animales no humanos tienen un valor intrínseco y existen por sus propios fines. Aunque esta creencia se extiende más allá de las comunidades veganas, las personas omnívoras pueden experimentar disonancia cognitiva y beneficiarse de vías que les ayuden a comprender a los animales como individuos únicos. Al adoptar el antropomorfismo biocéntrico y permitir que los animales expresen su agencia a través de elecciones personales, pueden participar en actividades que les aporten consuelo, alegría o placer (Balcombe, 2002). Este enfoque tiene el potencial de mejorar el bienestar, incluso de los animales no humanos cuyo destino es ser productos de consumo.

Esta investigación exploró tres cuestiones éticas: (1) ¿Las ovejas forman amistades? (2) ¿Podemos interpretar el comportamiento de las ovejas de manera que nos permita acceder a sus estados mentales? (3) ¿Las ovejas poseen condición de persona y, de ser así, qué obligaciones éticas se derivan de ello? Estas preguntas desafían las visiones occidentales tradicionales sobre los animales de granja e invitan a una reflexión moral más profunda.

Para investigarlas, utilicé una metodología que combina el antropomorfismo biocéntrico con mediciones de proximidad y longitud relevantes para la especie. Este doble enfoque permitió tanto una interpretación empática como un análisis conductual estructurado. El antropomorfismo biocéntrico se basa en el conocimiento incorporado (Hamington, 2008), la empatía cinestésica (Sanders y Arluke, 1993) y el egomorfismo (Milton, 2005), mientras que los datos de proximidad ayudan a evaluar las preferencias sociales y las relaciones espaciales dentro del rebaño.

Los resultados sugieren que las ovejas forman vínculos sociales selectivos y muestran patrones de comportamiento distintos. Swayze, Mojo y Endora demostraron tendencias únicas en la interacción, la evitación, el liderazgo y la resolución de problemas. Basándome en la definición de personalidad de Milton —emociones, intenciones e individualidad—, concluyo que las ovejas son personas, no personas humanas, sino personas de su propia especie. Aunque son biológicamente similares a los humanos (Chapman y Huffman, 2018), las ovejas han evolucionado junto a nosotros y merecen ser reconocidas en sus propios términos. Sin embargo, humanizarlas en exceso conlleva el riesgo de proyectar expectativas que no pueden cumplir (Dwyer, 2014).

Cada oveja mostró preferencia por otras específicas. Aunque esto puede reflejar la corta duración del estudio, el pequeño tamaño de la muestra o el sesgo de un solo observador, las preferencias siguen siendo notables. Las investigaciones futuras podrían ampliar su alcance mediante el uso de transpondedores portátiles, collares con GPS o análisis de vídeo asistido por IA. Estas tecnologías podrían permitir un seguimiento continuo y no invasivo de la proximidad, los patrones de movimiento y las preferencias sociales en rebaños más grandes. Si se combinan con el antropomorfismo biocéntrico, estas herramientas podrían preservar la sensibilidad relacional de este método, al tiempo que aumentan su escalabilidad y precisión. Esta integración de la observación y la empatía ofrece una vía prometedora para profundizar en nuestra comprensión de la personalidad de los animales no humanos, tanto a nivel individual como poblacional, accesible a cualquier cuidador de ovejas. Estas mejoras podrían reforzar el modelo y profundizar en sus implicaciones para las relaciones entre humanos y no humanos.

Al combinar el antropomorfismo biocéntrico con la medición basada en la proximidad, esta metodología ofrece una interpretación detallada de las interacciones entre especies biológicamente similares. Si bien la subjetividad es inevitable, la noción de que los animales no humanos son meros sistemas impulsados por el instinto ha sido ampliamente cuestionada (Bekoff, 2002; Wemelsfelder, 2012). Los cuidadores de animales de compañía suelen observar estados emocionales como la alegría, el miedo y el afecto, lo que concuerda con las investigaciones en neurociencia afectiva (Panksepp, 1998) y ciencia del bienestar (Serpell, 2019). Ignorar estas ideas conlleva el riesgo de caer en puntos ciegos éticos. El antropomorfismo biocéntrico nos permite comprometernos rigurosamente con la experiencia de los animales no humanos sin dejar de tener una base científica.

Esta investigación propone un modelo sencillo para “ver” a los animales no humanos: observar con quién eligen pasar el tiempo. Para los ganaderos, este modelo de prueba de elección puede revelar preferencias que mejoran el bienestar y la calidad de vida (Fraser y Matthews, 1997). Para aquellos que buscan ampliar su imaginación moral, ofrece una herramienta para extender el cuidado y la empatía a otros desconocidos. Al utilizar el antropomorfismo biocéntrico junto con mediciones de distancia relevantes para las especies, podemos empezar a ver a las ovejas no como mercancías pasivas, sino como individuos con conciencia cognitiva, vida emocional y amistades, dignos de reconocimiento, respeto y consideración ética.

 

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