Hacia una definición clasificada del consentimiento canino

Issue 30 March 2025

Escrito por Erin Jones, PhD, CPDT-KA, IAABC-ADT, CDBC


Por Erin Jones, PhD, CPDT-KA, IAABC-ADT, CDBC y autora de Constructing Canine Consent, (CRC Press, 2024) (Creando Consentimiento Canino), quien nos cuenta sobre este viaje y su experiencia al escribir su libro.
En el año 2019, a solo un par de meses de haber iniciado mi PhD, una perrita muy inteligente llamada Juno llegó a vivir con nosotros. Pasó las primeras 10 semanas de vida en una granja de trabajo en un lugar muy rural de la Isla Sur en Nueva Zelanda. Juno fue producto de la “unión accidental” de la perra mestiza de Fox Terrier de la granja, un “perro de cerdos” (para la caza de jabalíes) y el perro mestizo Bulldog y Pointer muy mayor de un vecino lejano, pero obviamente aun fértil. La mamá de Juno era desgarradoramente distante y Juno pasó esas 10 semanas en un corral de alambre en el exterior compartiendo cadáveres de zarigüeyas y cerdos con sus hermanos.
Juno no es “resiliente” bajo ningún concepto. Realmente no es sorpresa por qué: la genética, epigenética y razones ambientales fueron abundantes. Lloré mucho en esas primeras semanas, con su lloriqueo incesante y su completa incapacidad de quedarse “tras las rejas” como cachorra. Sus lloriqueos penosos me hicieron buscar en lo profundo de mis conocimientos y aprendizajes para encontrar formas de poder ayudarla de mejor manera. Estaba ansiosa la mayor parte del tiempo, temerosa de casi todo, pero muy clara sobre lo que le gustaba y lo que no. El tener “voz” es lo que la hizo sentir segura y es algo que nunca he querido se apague (y no ha pasado). Me hizo pensar específicamente acerca de mi propio comportamiento y mis propias acciones y cómo todo lo que estaba haciendo estaba afectando a este otro ser.
En esa época, estaba trabajando en mi propuesta del Doctorado (PhD). Estaba interesada en la construcción social de los perros y cómo nuestras expectativas afectan sus vidas, conducta y la forma en que los tratamos. Y mientras que esto fue el foco principal de mi investigación, estaba comenzando a pensar más y más en el concepto de autonomía y consentimiento y el rol que juegan en el bienestar de los perros. Estaba planificando un enfoque de varios métodos para la recolección de datos: encuesta, reconocer su emergente significancia en las discusiones que rodean las interacciones perro-humanas. Para mí, como consultora de conducta o entrenadora, antes de empezar mi investigación sobre el tema del consentimiento canino, la idea parecía tan sencilla:

  • Acaricias perros y les gusta = consentimiento; no les gusta = no hay consentimiento
  • Aprenden una conducta de “sí, quiero” y la ofrecen = consentimiento; lo rechazan o eliminan el comportamiento “sí, quiero” = no hay consentimiento

¡Estaba simplificando enormemente un tema muy complejo! Sí, supongo que esas ideas son un comienzo, la génesis del consentimiento animal no humano en las interacciones humanas. Pero si nos detenemos en estas ideas marginales de consentimiento, entonces creo que no estamos entendiendo el punto.
Así es que durante los siguientes cuatro años (y más, incluso luego de que mi tesis del Doctorado había sido defendida y el cartón acreditándome como doctora ya estaba colgado en la pared), me perdí en el laberinto del consentimiento canino. Tenía un contrato para escribir un libro sobre este tema por Taylor & Francis en el año 2022, por lo que necesitaba explorar más: ¿Qué es el consentimiento? ¿Se extiende a los perros? ¿Cómo? ¿Siempre? ¿Qué sucede cuando no existe? ¿Cuáles son los conflictos éticos que acompañan las estructuras de poder inherente entre los perros y sus tutores? ¿Cuáles son los obstáculos que enfrentan las personas cuando intentan conceptualizar las conversaciones sobre consentimiento en nuestras interacciones con perros? Mi enfoque entonces, a medida que comenzaba a escribir el libro Constructing Canine Consent (Creando Consentimiento Canino), fue en formas para acortar la distancia entre los parámetros éticos (humanos) y la conducta canina de forma de desafiar los enfoques y pensamientos convencionales. Quería instar a los lectores a reconsiderar cómo interpretan y respetan la autonomía y preferencias de sus perros.
Esto no fue tarea sencilla. Hay una real carencia en la literatura sobre los animales no humanos y el consentimiento, especialmente los lineamientos filosóficos o cómo hacer que todo tenga sentido. Requiere buscar en la investigación sobre conducta y cognición animal más reciente y luego unirlo con la literatura sobre ética animal, filosofía, estudios críticos sobre animales, estudios humano-animales y sociología. Todos estos campos tienen sus propias estructuras teóricas y terminologías, así que, para que un libro sobre el consentimiento canino que se apoya en estos campos académicos sonara de forma fluida, fue nada menos que una batalla constante de ideologías y léxico.
Volviendo a Juno, a medida que más pensaba en este tema, más profundo caía en este caleidoscopio de preguntas, todas de varios tonos y matices, algunas con esquemas definidos y otras con transiciones borrosas. Fue, por decir lo menos, un enredo. Juno fue la que me ayudó a que todo tuviera sentido. Más que cualquier perro con que haya trabajado hasta ese punto en mi carrera, prioricé su autonomía, su comunicación, sus decisiones, y su capacidad de pedir lo que necesitaba y rechazar lo que no. Tiene opiniones sobre muchas cosas, ¿y cuántos perros no las tendrían también si no silenciáramos su deseo de comunicar esas opiniones? Es tan inteligente, habilidosa, ingeniosa y expresiva. Me produce una alegría tan genuina. Dadas sus primeras dificultades emocionales, esto es mucho más de lo que pudiera haber pedido. Por ejemplo, desde el momento que entró a nuestra casa siempre sospechó de las personas que hacen cualquier otra cosa salvo caminar en línea recta por la acera, y con frecuencia ladraba o retrocedía. Con el tiempo, aprendió una variedad de comportamientos que podía usar para lidiar con estas situaciones que eran más positivas y menos combativas. Durante este proceso también aprendió que tenia la posibilidad de decir no, alejarse, posicionarse detrás de mí o lo que necesitara para estar segura. Esto significó que podríamos ir a más sitios y hacer más cosas, y también significó que fue gradualmente expuesta a más y más situaciones nuevas, creando un enfoque sistemático para que ocurriera la desensibilización y habituación. Claro, requiere algo de aprender y enseñar algunas intervenciones conductuales somo el reforzamiento diferencial de otras conductas, que finalmente va a ser más intrusivo que no hacer nada. Pero hacer nada hubiera significado que ella habría tenido problemas para afrontarlo exitosamente, y habría tenido un mal resultado en términos de bienestar a raíz de esto.
Sin importar la situación particular de Juno, ella no está sola. Todos requerimos lecciones para aprender a existir armoniosamente en lugares públicos. Los bebés lloran y gritan en público, pero crecen y aprenden que no hay consecuencias deseables o apetitosas para los adultos que gritan y lloran en público. Si tienen la habilidad de expresarse de manera que se sientan escuchados y respetados y empoderados de estar en control de lo que les suceda, son mucho menos propensos a gritar y llorar para expresar sus necesidades, especialmente como adultos. No estoy tratando de comparar bebés humanos con perros; no es justo que lo haga. Sin mencionar que no soy madre, por lo que tengo muy poca experiencia con bebés humanos. Pero mi punto es, hay un periodo aceptable de paternalismo requerido que ayuda a convertirnos en adultos capacitados, y pienso que lo mismo aplica para los perros, si queremos que vivan de forma armoniosa en nuestras sociedades extremadamente humano céntricas.

Puntos clave:

Hay tres conceptos fundamentales que quiero que las personas sepan antes de adentrarse en este libro:

  • No tengo todas las respuestas. Mi libro se trata de hacer preguntas que nos permitan pensar más críticamente sobre nuestra relación con los perros.
  • Los perros tienen idioma, pueden comunicarse, y pueden recolectar información y usarla para tomar decisiones informadas.
  • El consentimiento canino se puede ver diferente al de los humanos, y está bien. Pero decir que, porque se ve diferente, no importa o no es aplicable es perjudicar a los perros.

Los perros, al igual que todos los otros animales típicamente operacionales, crecen para transformarse en adultos funcionales. Saben lo que quieren y con frecuencia saben lo que es mejor para ellos cuando se les da la oportunidad de tomar decisiones. Ciertamente saben sus necesidades mejor de lo que yo –una especie totalmente diferente que experimenta el mundo en una forma completamente distinta– podría hacerlo jamás. Sin embargo, la manera en que hemos criado a los perros para que sean perpetuamente dependientes a través de sus vidas, por defecto, así como las formas en que micro gestionamos sus vidas tan de cerca, no deja mucho espacio para que ellos se desarrollen independiente o intrínsecamente. Es por esto que he creado una definición canina de consentimiento. Una que toma en cuenta la relación única con humanos y sus habilidades importantes y únicas (descrita más adelante en este artículo).
Un hilo conductor del libro es cómo, incluso implícitamente, el excepcionalismo humano invade nuestras acciones morales. El excepcionalismo humano, ese paradigma de que los humanos son superiores a todos los otros animales (y en realidad por sobre la naturaleza), afectan nuestras acciones y decisiones, aunque nos importen y cuidemos mucho a nuestros perros. Afecta la manera en que esperamos se comporten, la forma en que controlamos sus movimientos y acciones y limitamos su capacidad de vivir de forma autónoma. También afecta la forma en que moldeamos su conducta para calzar con nuestras necesidades sociales. El mundo siempre favorece al humano; el mundo siempre prioriza la humanidad por sobre la animalidad. Si un perro muerde a un humano, sin importar cuáles fueron las circunstancias, siempre es el perro quien enfrenta la posibilidad de la muerte.

Por qué importa el consentimiento

El concepto de consentimiento, típicamente asociado a las interacciones humanas, tiene implicancias morales y éticas cuando se extiende al tratamiento de animales no humanos involucrados en relaciones humanas. Ya sea que le llamemos definición clasificada canina de “consentir” o “asentir” (aunque creo que “consentir” es preferible en el contexto de impulsar los derechos animales en la dirección correcta), el concepto clave aquí es el enfoque de especie. Aplicar términos inherentemente humano céntricos como “consentir” y “asentir”, ambos con implicaciones legales para los humanos, simplifica en exceso un tema mucho más complejo. Los animales no humanos, después de todo, no están legalmente reconocidos como personas. Se excluyen de las definiciones legales de personería, dejando los debates sobre estos términos inaplicables en un sentido estrictamente legal.
Y es aquí justamente donde yace la importancia de una definición específica de especie. Lo que importa no es si metemos con calzador a los animales dentro de nuestras categorías jurídicas humanas, sino cómo respetamos su autonomía intrínseca dentro de sus propios marcos de cognición y experiencia.

1. Fundamentos éticos: Autonomía y Respeto

Al centro de las consideraciones éticas está el principio del respeto por la autonomía. La autonomía involucra reconocer y honrar las preferencias de otros. Mientras que los perros no tengan autonomía de la misma forma que los humanos, exhiben preferencias, deseos y la capacidad de expresar incomodidad, y pueden asentir o estar en desacuerdo durante interacciones. Ignorar estas expresiones daña el respeto que se les debe a los perros que durante mucho tiempo han sido dóciles pasivamente a los caprichos humanos. Éticamente, tratar a los perros como meros objetos a controlar en lugar de como individuos con sus propias preferencias viola el principio del respeto por las personas, adaptado en este sentido a personas no humanas. Esto significa tener el derecho a autonomía corporal.
Los animales no humanos son adultos funcionales completos, no niños no humanos o seres con discapacidades cognitivas. Poseen la capacidad de tomar decisiones que son importantes para su propio bienestar. Solo porque nuestros sesgos humanos nos dificultan comprender totalmente sus experiencias, esto no significa que solo debiéramos acreditarlos con una versión diluida del “consentimiento”. Hacer esto reduce su valor intrínseco y su autonomía, no necesariamente intencional (¡Sé que todos estamos dando batalla!), pero más implícitamente, la forma en que el excepcionalismo humano se cuela en nuestros conceptos de los no humanos. Al insistir en que sus capacidades van a la par de las construcciones humanas del consentimiento (aunque sí, es diferente), afirmamos su importancia en formas que reflejen su madurez cognitiva en lugar de infantilizarlos.

2. La capacidad de sufrimiento y el bienestar

La significancia moral del consentimiento canino está basada en el entendimiento que los perros son seres sintientes capaces de experimentar placer, dolor, estrés y bienestar. Varios métodos de entrenamiento e interacciones que ignoran la capacidad del perro para consentir pueden llevar a sufrimiento sicológico, miedo y daño físico. Desde una perspectiva utilitaria ampliamente usada en la ética animal, que enfatiza la minimización del sufrimiento y la promoción del bienestar, respetar el consentimiento canino es necesario. Se asegura que las interacciones estén diseñadas para mejorar la calidad de vida del perro en lugar de infligir angustia o incomodidad para crédito humano.
Parte de esto se trata de centrarse en el aspecto especifico de especie sobre el consentimiento. Esto nos fuerza a examinar lo que genuinamente importa para los animales no humanos en términos de su cognición y bienestar, su punto de vista. Este enfoque reconoce que cada especie tiene sus propias necesidades, formas de comunicación y modos de interacción con el mundo, que debe ser reconocido y entendido (lo mejor que podamos) si es que los vamos a tratar éticamente. Requiere que vayamos mas allá de las definiciones centradas en humanos que ponen las capacidades de animales humanos y no humanos en contra del otro en lugar de construir marcos que sean verdadero reflejo de sus capacidades particulares.

3. Construyendo confianza y relaciones positivas

La confianza es la naturaleza misma de las relaciones consensuadas que los humanos construyen con los perros. Cuando a los perros se les permite expresar consentimiento o desacuerdo, es más probable que participen voluntaria y entusiastamente del entrenamiento y otras actividades. Este respeto mutuo fortalece el vínculo entre humanos y perros, llevando a una coexistencia más armoniosa. Por el contrario, no tener en cuenta el consentimiento puede resultar en miedo, ansiedad y problemas conductuales, socavando el objetivo ético de promover relaciones positivas.

4. Responsabilidad moral y corresponsabilidad

Los humanos tienen una responsabilidad moral hacia los animales bajo su cuidado, señalada con frecuencia como la ética de la mayordomía. Esta responsabilidad involucra proveer para sus necesidades físicas y psicológicas, asegurando su bienestar y respetando su dignidad. Reconocer el consentimiento canino se alinea con este modelo al reconocer que los perros no son mera propiedad a ser controlada, sino individuos que merecen consideración ética equitativa. Refuerza la obligación moral de tratarlos con compasión, empatía y respeto.

5. Precedentes en el bienestar y los derechos animales

El movimiento que trabaja por reconocer los derechos animales y el enfoque moderno del bienestar animal ha ganado fuerza, abogando por el valor inherente y la consideración moral de los animales no humanos. Los marcos legales y éticos cada vez más reflejan este cambio, recalcando la necesidad de tratar a los animales no humanos humanamente. Respetar el consentimiento canino es la extensión lógica de estos estándares en evolución, reforzando la noción de que los animales no humanos tiene valor propio. Se alinea con el punto de vista contemporáneo sobre los derechos animales, así como también el modelo de los Cinco Dominios del bienestar animal, que luchan por la protección de los intereses animales y su bienestar. Esta es la razón de por qué es importante redefinir el “consentimiento” en un contexto específico de especie (y así construir una definición clasificada como tal). Mueve la discusión mas allá de simplemente aplicar los términos humanos y hacia un entendimiento más detallado de cómo se ve realmente el respeto por la autonomía no humana. Al hacer esto, creamos una visión del mundo más justa y ética, una que incluye genuinamente las necesidades y capacidades de otras especies.

6. Implicancias prácticas y entrenamiento ético

En la práctica, incorporar el consentimiento canino en los modelos de entrenamiento conduce a prácticas más éticas y efectivas. El refuerzo positivo, el entrenamiento basado en opciones y el cuidado cooperativo son ejemplos que pueden, cuando son realizados de forma correcta, respetar el consentimiento canino. Estos métodos tienen con frecuencia mejores resultados al reducir el estrés y promover cambios conductuales positivos. El entrenamiento ético que respeta el consentimiento es, por lo tanto, no solo un imperativo moral, sino que también práctico, mejorando la eficacia de las prácticas de entrenamiento en su totalidad.

De la Teoría a la Práctica:

Constructing Canine Consent (Creando Consentimiento Canino) no es solo un tratado teórico; sino también un marco práctico que hace hincapié en la importancia de crear un entorno positivo, lleno de confianza donde los perros se sienten seguros y empoderados para expresar sus preferencias y opiniones. En el libro, detallo consideraciones éticas y morales importantes a la hora de enseñar a los perros, como la forma de evitar el aprovechamiento de disposiciones valiosas y evitar la coerción o los intercambios de tipo transaccional. Es más, detallo una definición canina clasificada del consentimiento que incluye cinco subcategorías:

  • Consentimiento de interacción
  • Consentimiento basado en la actividad
  • Cuidados cooperativos y consentimiento aprendido
  • Aprendizaje basado en el consentimiento
  • Consentimiento sustitutivo

Cada categoría tiene su propia estructura y significancia que considera el derecho del perro a consentir, y cómo se ven el consentimiento y el no consentimiento, reconociendo el derecho de los perros a la autonomía corporal. Examinando estas cinco subcategorías, podemos reflexionar sobre las aplicaciones éticas del consentimiento:

1. Consentimiento de interacción

Los perros son los candidatos perfectos para los mimos. Juno no es la excepción. Pero cuando tocamos a un perro por placer, ¿preguntamos primero? ¿preguntan ellos? Y, ¿estamos escuchando cómo consienten o no? ¿Es placentero para todos? Una forma de ayudar a clientes a entender mejor los principios del consentimiento canino es enmarcar la conversación de forma que fluya naturalmente.

  • Siempre deja que el perro pida una interacción con tacto o pregúntale si desea la interacción y espera su respuesta.
  • Haz confirmaciones de forma frecuente durante la interacción.
  • Observa el lenguaje corporal para ver si hay signos de consentimiento o disentimiento (hay una tabla disponible en las páginas 40-42 en Constructing Canine Consent).
  • Incluye situaciones de “nunca”. Por ejemplo, nunca toques (o incluso pidas permiso para tocar) cuando están haciendo alguna otra cosa como comer o dormir, etc.

2. Consentimiento basado en la actividad

Esto puede parecer muy sencillo, pero las actividades (juego, enriquecimiento, deportes) siempre deben permitir que los perros expresen autonomía completa. Algunas veces, las actividades son emparejadas con el uso de juguetes o premios (de muy alto valor), incluso privación para mejorar el rendimiento, y caemos presa de la coerción, eliminando cualquier posibilidad de consentimiento genuino. Esto no quiere decir que refuerzos de alto valor no tengan su lugar, pero necesitamos mantener en mente que estamos constantemente evaluando los cambios en preferencias y motivaciones durante la actividad.

3. Cuidados cooperativos y consentimiento aprendido

El cuidado cooperativo se trata de enseñar a los perros cómo usar señales específicas basadas en el consentimiento para comunicar acuerdo o desacuerdo durante la manipulación. También se trata de aprender las señales predictivas que informan sus decisiones. Sin embargo, el cuidado cooperativo es complicado. Veo a muchas personas enseñando conductas estacionarias (u otras conductas como apoyar el mentón) sin adosarle el significado del consentimiento. Durante los cuidados cooperativos, cuando un perro escoge participar ofreciéndonos una conducta de consentimiento enseñada, necesitamos asegurarnos que han aprendido el consentimiento completo, incluyendo conductas de retirada o alejamiento. Es más, necesitamos asegurarnos que no estamos forzando o coaccionándolos a que escojan “dar su consentimiento” o forzándolos a tomar una decisión basada en nuestras contingencias de refuerzo y/o una falta de estímulos discriminativos.

4. Aprendizaje basado en el consentimiento

El aprendizaje debe enforcarse en habilidades que:

  1. Ayuden a los perros a coexistir en un mundo humano con muy poco conflicto
  2. Los ayude a sentirse seguros
  3. Los prepare para vivir vidas plenas y enriquecidas
  4. Comuniquen consentimiento o cuándo éste termina

Por lo tanto, aprender se trata de entregar a los perros las capacidades que les permitan tomar decisiones informadas y ayudarlos a sentirse en control de sus vidas y qué les sucede a ellos. No tiene nada que ver con la aceptación de manos que toquetean o reacciones sumisas a todos nuestros caprichos.
Se trata de centrar al perro y descentrar al humano: lo que ellos necesiten no necesariamente es lo que nosotros necesitamos. Aunque, para aclarar, esto no quiere decir que el lado humano de esta relación no sea valorado, pero los humanos ya somos el centro, somos privilegiados y estamos en una posición de poder.

5. Consentimiento sustitutivo

Ciertamente es verdad que actuamos a favor de nuestros perros en formas importantes también, por ejemplo, lo que sucede en esas situaciones emergentes, situaciones que salvan o alteran la vida,en las que nuestra intercesión ¿podría dar lugar a un mejor resultado vital?
Hace un par de años, Juno requirió una esplenectomía. Fui incapaz de explicarle los pros y los contras, los beneficios a largo plazo que significaría que tendría muchos más años felices y saludables y sin dolor. Fui incapaz de preguntarle si estaba de acuerdo con la sedación y anestesia, pero pude evaluar las implicancias éticas de mis decisiones (tanto las grandes decisiones como la cirugía y también las decisiones más pequeñas que se tomaron en cada paso de ese viaje) para que tuvieran el menor impacto emocional sobre ella y el mayor impacto en su bienestar físico.
Tal como están las cosas, los perros de compañía a nuestro cuidado son nuestra responsabilidad personal, y la realidad es que debemos tomar decisiones que afectan su bienestar. No siempre es fácil tomar una decisión que afecta tan profundamente a alguien más. Sin embargo, tenemos el don de la previsión para reflexionar sobre la completa interacción de la información y toma de decisiones en nombre de nuestros perros en situaciones en las que ellos no pueden dar su consentimiento. No significa que el consentimiento no juega un rol en las diferentes interacciones que puedan ocurrir en tales procedimientos, como inyecciones cooperativas o toma de sangre. No obstante, algunas veces no podemos simplemente aceptar la posibilidad de que no dé el consentimiento. Probablemente lo peor que podemos hacer en nuestra relación es preguntar a nuestro perro si consiente y luego ignorar cuando quieren dejar de consentir. Pero hay formas en que podemos minimizar el impacto de esas situaciones incómodas a corto plazo, mientras obtenemos el mejor resultado a largo plazo.

Conclusión

El contenido de este artículo es solo una pequeña muestra de lo que comparto en mi libro Constructing Canine Consent (Creando Consentimiento Canino). Espero que quieras aprender más, profundizar y considerar las cosas que son difíciles de pensar o que desafían un sistema de creencias profundamente arraigado. Los debates son el origen de todos los grandes cambios de paradigma en la sociedad. Debatimos, pensamos más profundamente, cuestionamos las percepciones y hacemos cambios. Como los perros que han tocado nuestras vidas en diferentes formas, Juno y todos los perros con los que he vivido y trabajado me han animado a mejorar, pensar mejor y actuar mejor. Y por supuesto, porque Juno es mi musa principal, mi maestra, y mi amiga, trae muchos ejemplos encantadores a mi escritura (como ya debes saber si me sigues en redes sociales). Es la personificación de todo lo maravilloso del consentimiento canino. Ella y yo somos capaces de conversar por sobre los límites de nuestra especie en formas que espero todos puedan algún día. Aunque, francamente, los videos que veo en redes sociales sugieren que nos queda un largo camino. Eres tú, los entrenadores, consultores de conducta, veterinarios etólogos y otros profesionales quienes son los mensajeros de primera línea. Somos los educadores de la sociedad, de las personas que aman a sus perros pero con frecuencia entregan ese amor de formas desafortunadas. Ayudémosles a que lo hagan mejor.
Para ello, a medida que pasamos de un enfoque limitado sobre conductas específicas a un enfoque más holístico que aborda necesidades emocionales y conductuales, como la autonomía, el brindar opciones significativas y el desarrollo de una comunicación interespecie robusta, podremos ver cómo los perros comienzan a mejorar. Perros como Juno ya están experimentando los beneficios profundos de este cambio. Son capaces de expresar sus necesidades abiertamente en lugar de suprimirlas, y ganan seguridad al saber que su capacidad de negarse es reconocida y respetada por los humanos que los rodean. Estos perros están experimentando experiencias más enriquecedoras, más informadas que guían su toma de decisiones, permitiéndoles conceptualizar y adaptar sus capacidades en diversos contextos. Finalmente, este enfoque fomenta una coexistencia más armoniosa y mutuamente beneficiosa entre humanos y perros.


Erin Jones is the IAABC Foundation Journal Director and recent author of Constructing Canine Consent (CRC Press, 2024). She has also written and edited other books and academic publications. Her PhD is in Human-Animal Studies where her primary research focus was, and continues to be, on the ethical dimensions of the dog-human relationship. Erin also has a BSc in psychology and anthropology, a MSc in anthrozoology, a Pg.Dip in animal welfare, is a certified dog behaviour consultant (CDBC) and Accredited Dog Trainer (IAABC-ADT), Certified Professional Dog Trainer-Knowledge Assessed (CPDT-KA), and Accredited Animal Behaviour Consultant (CANZ-ABC).




Traducido por Wen Bautista, IAABC Foundation Español

TO CITE: Jones, E. (2025) Hacia una definición clasificada del consentimiento caninoThe IAABC Foundation Journal 30, doi: 10.55736/iaabcfj30.2

COMPARTIR