Refuerzo del comportamiento de sacudida en perros para apoyar la regulación emocional
Resumen
Propongo que reforzar el comportamiento de sacudida corporal completa puede apoyar la regulación emocional y la recuperación conductual en perros, basándome en perspectivas de la teoría etológica, la fisiología y la neurobiología, así como en observaciones repetidas durante la práctica aplicada de consultoría en comportamiento. Esta hipótesis aún no ha sido probada mediante estudios controlados.
En este artículo, la sacudida se define como un movimiento lateral rápido de todo el cuerpo, que comienza en la cabeza y se propaga hacia la cola en un patrón similar a una onda. Las observaciones se derivan de perros domésticos evaluados durante sesiones de entrenamiento y consultas de comportamiento.
El movimiento se observó con mayor frecuencia tras momentos de interacción social o ambiental de alta intensidad, como fijarse en otro perro, ladrar y abalanzarse sobre él; perseguir fauna; saltar y mordisquear o agarrar la correa o la ropa del manejador; así como al detener el juego u otras actividades intensas.
Las sacudidas se reforzaron inicialmente durante el entrenamiento de perros reactivos y posteriormente en otros contextos. Este artículo describe una estrategia de dos niveles para reforzar sacudidas espontáneas en contextos neutrales y en contextos de excitación temprana, junto con un enfoque complementario de relajación condicionada utilizado en casos seleccionados.
Comienzo definiendo varias expresiones clave utilizadas en el entrenamiento de perros y en la consultoría aplicada de comportamiento, ya que estos términos se emplean de manera inconsistente entre disciplinas. Posteriormente resumo cómo se han descrito las sacudidas en la literatura y esbozo las funciones propuestas en perros y otras especies. A continuación describo las estrategias mediante las cuales reforcé las sacudidas y presento breves estudios de caso con ejemplos en video. Finalmente, discuto las limitaciones de estas observaciones y sugiero direcciones para futuras investigaciones.
Introducción
Términos clave
Los siguientes términos aclaran expresiones utilizadas en el entrenamiento canino y la consultoría en comportamiento aplicado, y especifican cómo se emplean en este artículo.
- Excitación (arousal). Se refiere al nivel de activación fisiológica y conductual del perro, reflejado en indicadores como orientación, tono muscular, velocidad de desplazamiento, posición de partes del cuerpo (orejas, boca, cola), vocalizaciones, ingesta de comida y respuestas a señales familiares.
- Transiciones de estado. Se refieren a cambios en la excitación que modifican la forma en que el perro se mueve, se orienta o responde a estímulos.
- Down-regulation. Se refiere a una disminución de la excitación y a un retorno hacia un comportamiento por debajo del umbral.
- Desencadenante (trigger). Se refiere a cualquier estímulo que incremente la excitación o acerque al perro al umbral o lo sitúe por encima de este.
- Acumulación de desencadenantes (excitación acumulativa). Describe la excitación adicional generada por múltiples desencadenantes en sucesión cercana, lo que puede desplazar al perro por encima del umbral.
- Umbral de reactividad. Describe el punto en el que la excitación produce comportamiento reactivo.
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- Por debajo del umbral: ausencia de comportamiento reactivo; cuerpo suelto, comportamiento exploratorio, respuesta a señales, disposición a comer y recuperación conductual tras elevaciones previas de excitación.
- En el umbral: el comportamiento reactivo se vuelve probable a medida que aumenta la excitación; desplazamiento del peso hacia adelante, mayor tensión muscular, mirada fija, marcha lenta, menor variabilidad de movimiento, respuesta tardía a señales y comida selectiva o rechazada.
- Por encima del umbral: comportamiento reactivo evidente con menor flexibilidad conductual y menor capacidad de desconexión.
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- Comportamiento reactivo. Se refiere a respuestas evidentes frente a un desencadenante que ocurren por encima del umbral, como ladridos, impulsos de abalanzarse, mordisqueo, gruñidos o aceleración hacia estímulos.
- Perros reactivos. Son aquellos que muestran comportamiento reactivo por encima del umbral con intensidades, velocidades de escalada o sensibilidades desproporcionadas al contexto. El término es descriptivo y se refiere únicamente a la conducta observable.
Antecedentes
La literatura previa ha descrito el comportamiento de sacudida de forma amplia, a menudo enmarcándolo como relacionado con el estrés, el desplazamiento o las acciones de corte, sin una definición operativa consistente. El temblor y la sacudida solían tratarse como categorías separadas, pero no se diferenciaban claramente los distintos tipos de sacudidas ni se examinaban de forma independiente según su función emocional.
En estas fuentes, las etiquetas relacionadas con el estrés se referían a sacudidas observadas durante o después de situaciones de incertidumbre, frustración o leve tensión social. Los comportamientos de desplazamiento y corte se utilizaban para describir movimientos breves autoguiados, como sacudidas, rascarse o bostezar, que parecían interrumpir o redirigir una secuencia conductual en curso.
En términos etológicos, los movimientos autoguiados son acciones breves que el animal realiza sobre su propio cuerpo o en estrecha proximidad a él, incluyendo el acicalamiento y el rascado. Estos pueden aparecer durante situaciones ambiguas o levemente excitantes.
Trabajos observacionales más recientes han comenzado a distinguir la forma y el contexto de las sacudidas, identificando con mayor precisión el shake-off y generando espacio para definiciones más claras. La sección siguiente describe con mayor detalle este desarrollo histórico.
Históricamente, la literatura sobre adiestramiento canino y comportamiento veterinario ha interpretado las sacudidas como conductas relacionadas con el estrés o el conflicto. Han sido descritas como señales de estrés (Rugaas, 2006, p. 56), señales de corte (Stewart, 2016, p. 68) o comportamientos de desplazamiento asociados con frustración, conflicto o incertidumbre (Handelman, 2008, p. 238; Horwitz, 2018, p. 396; Overall, 1997, p. 210).
Estudios fisiológicos tempranos documentaron aumentos en cortisol y frecuencia cardíaca durante estresores agudos y crónicos, y registraron sacudidas corporales entre varios comportamientos observados durante estos desafíos (Beerda et al., 1997, 1998, 1999). Sin embargo, dichos estudios no analizaron las sacudidas como un comportamiento independiente, lo que limita la interpretación de sus hallazgos respecto a este movimiento específico.
Observaciones posteriores han ampliado esta perspectiva. Pastore et al. (2011) informaron que las sacudidas ocurrían con mayor frecuencia después de carreras de agilidad, más que durante el propio evento competitivo, lo que sugiere que el comportamiento puede surgir en puntos de transición y no únicamente en respuesta al estrés agudo.
Datos preliminares basados en la práctica ofrecen contexto adicional. Un pequeño proyecto exploratorio de campo realizado por DogFieldStudy (2024) combinó el seguimiento en tiempo real de la frecuencia cardíaca con grabaciones de video durante paseos con correa suelta. En varios clips se observaron sacudidas cerca de los picos de frecuencia cardíaca. Aunque el estudio no fue revisado por pares y se basó en una muestra limitada, esta coincidencia biométrica proporciona indicios preliminares de que las sacudidas pueden aparecer cerca de cambios en la excitación fisiológica.
Durante interacciones de contacto cercano con humanos y con congéneres, tanto perros como lobos socializados con humanos mostraron comportamientos autoguiados que incluían sacudidas de cabeza y cuerpo, lo que indica que movimientos de tipo sacudida pueden surgir durante estrés social leve o ajustes en el nivel de activación (Wirobski et al., 2021).
Un estudio reciente sobre manejo veterinario restrictivo encontró que los perros realizaban con frecuencia sacudidas corporales inmediatamente después de la liberación de una contención leve, interpretando este movimiento como parte de un breve período de transición posterior a un estresor leve (Cisneros et al., 2025).
El trabajo metodológicamente más detallado hasta la fecha es el estudio de Bryce y colaboradores (2024), la primera investigación revisada por pares que examina directamente el shake-off en perros. Observando 120 sacudidas en 96 perros en entornos públicos y de guardería, los autores describieron el movimiento como “un rápido movimiento lateral del cuerpo o de la cabeza” (2024, p. 1).
Las sacudidas en perros secos ocurrieron con mayor frecuencia después de saludos, interrupciones y otras transiciones de actividad. Los indicadores afectivos, como postura y proximidad, se mantuvieron estables, y en la mayoría de los casos un comportamiento diferente se producía inmediatamente antes y después de la sacudida.
Bryce et al. no encontraron evidencia empírica que apoyara interpretar las sacudidas como señales de estrés; en cambio, propusieron que el comportamiento funciona como una acción transicional o reguladora. Como estudio observacional sin mediciones fisiológicas y limitado a dos ambientes, sus hallazgos deben generalizarse con cautela, aunque actualmente proporcionan la descripción empírica más clara de la forma y el contexto de este comportamiento.
Estos hallazgos específicos de perros se complementan con investigaciones fisiológicas y biomecánicas que iluminan cómo se produce el movimiento de sacudida. Dickerson et al. (2012) demostraron que las sacudidas en seco y las sacudidas para expulsar agua comparten el mismo patrón de oscilación subyacente.
En mamíferos, los movimientos rítmicos y reflejos de este tipo suelen estar coordinados por el tronco encefálico y los sistemas motores espinales (Longstaff, 2005, pp. 217–238). Estos circuitos están modulados por neuromoduladores como la serotonina, producida en el tronco encefálico, estrechamente vinculada con la excitación y capaz de modificar la excitabilidad de las redes motoras (Longstaff, 2005, pp. 96–99). Esto hace plausible que las sacudidas cambien en función de variaciones a corto plazo en la excitación, aunque esta hipótesis no ha sido probada directamente en perros.
Más allá de los perros domésticos, patrones comparables aparecen en diversas especies. En primates, el temblor corporal se incluye entre los comportamientos autoguiados que aumentan en situaciones socialmente tensas o ambiguas y que son sensibles a la manipulación farmacológica de la ansiedad (Reamer et al., 2010).
En gansos greylag, sacudidas breves de todo el cuerpo ocurren después de interacciones agonísticas y se asocian con una frecuencia cardíaca elevada, lo que indica un cambio en la excitación tras el conflicto (Wascher et al., 2008).
Los ungulados muestran patrones similares. Luo et al. (2022) identificaron comportamientos de aseo por desplazamiento —incluidas sacudidas de cabeza— en antílopes y especies relacionadas durante situaciones ambiguas o asociadas a tensión.
En caballos, también se han documentado comportamientos de liberación de tipo sacudida entre otras respuestas relacionadas con el estrés o con transiciones conductuales, particularmente en contextos de manejo terapéutico (Kaiser et al., 2006). Un estudio de 2025 sobre elefantes asiáticos realizado por Vilela documentó comportamientos autoguiados, incluyendo sacudidas rápidas de la cabeza, que aumentaban después de interacciones socialmente tensas.
Aunque estas conductas son específicas de cada especie, en conjunto sugieren que sacudidas breves o movimientos autoguiados análogos suelen aparecer durante cambios transicionales o posconflicto en el nivel de excitación.
En conjunto, la literatura centrada en caninos y la evidencia comparativa revisada aquí es consistente con interpretar las sacudidas como comportamientos transicionales que ocurren de forma natural, más que como indicadores fiables de estrés.
En mis datos observacionales, las sacudidas aparecían con frecuencia entre estados conductuales, siendo el estado previo típicamente de mayor excitación que el que seguía, lo que sugiere una posible función reguladora.
Aunque las sacudidas son comunes y fáciles de observar, actualmente no existe investigación que examine si el refuerzo puede influir en su temporización o disponibilidad. La hipótesis explorada en este artículo es que el refuerzo podría aumentar la accesibilidad de las sacudidas durante momentos de transición conductual.
Estrategias
Para los fines de este artículo, los términos perros reactivos y comportamiento reactivo se definieron anteriormente.
La estrategia central descrita aquí —reforzar sacudidas espontáneas de todo el cuerpo— se aplicó inicialmente a perros reactivos dentro del enfoque de Behavioral Adjustment Training (BAT) (Stewart, 2016), donde la gestión ambiental se utiliza para mantener al perro por debajo del umbral, de modo que el procesamiento de la información (noticing), la toma de decisiones (participar o retirarse) y la recuperación conductual (permanecer o volver a un estado por debajo del umbral de reactividad) sigan siendo posibles. Dentro de este marco, la sacudida se describe como un comportamiento natural de transición.
Posteriormente, las sacudidas espontáneas también se reforzaron en perros que mostraban otras formas de aumento de excitación, incluyendo perros adolescentes que tiraban de la correa, perseguían, mordían, mordisqueaban o saltaban durante momentos emocionalmente intensos. En todos los casos, las sacudidas aparecieron durante transiciones de estado, particularmente cuando los perros pasaban de estados de alerta o intensidad hacia conductas por debajo del umbral.
El objetivo de reforzar estas transiciones fue aumentar la disponibilidad de las sacudidas y favorecer que la conducta apareciera antes en secuencias emocionalmente desafiantes, cuando podría apoyar la recuperación conductual. Cabe destacar que varios perros no ofrecían sacudidas durante el entrenamiento con perros reactivos cuando se mantenían consistentemente en el umbral, pero comenzaron a ofrecerlas una vez que la conducta fue reforzada en contextos de bajo arousal (por debajo del umbral) fuera de ese entrenamiento. En esas instancias, las sacudidas fueron seguidas por cambios hacia conductas de menor excitación, lo que sugiere que el refuerzo puede aumentar la disponibilidad de la conducta durante transiciones de excitación.
El refuerzo pareció aumentar la disponibilidad de las sacudidas y desplazar su aparición hacia etapas más tempranas de las secuencias emocionalmente desafiantes, potencialmente apoyando la recuperación conductual. Desde una perspectiva de teoría del aprendizaje, la sacudida podría funcionar como una conducta reforzada diferencialmente (DRA) y, en muchos contextos, como una conducta incompatible (DRI).
Las sacudidas fueron capturadas y reforzadas por debajo del umbral, con mayor frecuencia mediante comida y, en casos de reactividad por miedo, mediante refuerzo funcional (aumento de la distancia respecto al desencadenante). En la práctica, las sacudidas aparecieron con frecuencia como conductas transicionales entre un breve compromiso en el umbral y el posterior desenganche. El refuerzo pareció hacer que las sacudidas estuvieran más disponibles durante estas transiciones y favorecer una down-regulation conductual más temprana. Dado que la sacudida es un movimiento que ocurre de forma natural, puede capturarse en tiempo real sin entrenamiento previo.
Estrategia central: reforzar sacudidas espontáneas
Este enfoque distingue entre:
- sacudidas que ocurren en contextos neutrales o de baja excitación (por debajo del umbral)
- sacudidas que ocurren en contextos donde la regulación emocional es desafiante (en el umbral, pero no por encima del umbral)
Las sacudidas en contextos neutros, como sacudirse después de despertarse, sacudir agua del cuerpo o pasar del juego a caminar – se reconocían con elogios verbales tranquilos o caricias suaves. En perros de compañía, estos suelen funcionar como reforzadores de menor valor, ya que aparecen con frecuencia en la interacción cotidiana y solo ocasionalmente, pero no de forma constante, se emparejan con el reforzador principal.
Estos reforzadores de menor valor se utilizaron para evitar aumentar la excitación o alterar el contexto de la conducta, y se entregaron en un programa continuo de refuerzo.
Las sacudidas que ocurrían en el umbral, como las observadas después de notar un desencadenante o en contextos donde el perro previamente había escalado hacia ladridos, embestidas o agarres, se marcaban con una señal verbal condicionada (“sí”) y se seguían inmediatamente con comida de alto valor. El valor de la comida se evaluó individualmente comparando opciones y confirmando que el perro comiera estando por debajo del umbral.
El refuerzo continuo basado en captura mantenía la claridad para los cuidadores y, en casos de reactividad, la comida se combinaba con refuerzo funcional (aumentar la distancia) cuando era relevante.
Se utilizaron configuraciones tipo BAT, en las que los perros reactivos trabajaban en entornos controlados con perros señuelo tranquilos. La distancia y la posición se ajustaban para que el perro pudiera notar el desencadenante mientras permanecía por debajo del umbral.
En estas configuraciones, los manejadores reforzaban una variedad de comportamientos naturales por debajo del umbral incompatibles con la escalada, como: reorientarse, hacer una pausa, alejarse, olfatear, sacudirse. (Estos son solo ejemplos y no constituyen una lista exhaustiva.). Se proporcionó refuerzo funcional aumentando la distancia cuando era pertinente.
La escalada se evitaba mediante gestión ambiental, incluyendo el ajuste de la distancia, el bloqueo visual breve cuando era necesario y el refuerzo alimentario para apoyar el comportamiento por debajo del umbral.
En todos los contextos, la estructura de dos niveles se mantuvo simple para facilitar su aplicación consistente por parte de los cuidadores, usando refuerzo social para sacudidas en contextos neutros (en casa o en paseos tranquilos), comida de alto valor basada en marcador —y, cuando era relevante, aumento de distancia— para sacudidas en el umbral durante las sesiones de entrenamiento.
Estrategia complementaria: enseñar una señal de relajación asociada a la seguridad
En dos perros se incorporó una señal de relajación condicionada como estrategia complementaria.
El comportamiento de relajarse sobre una alfombra se moldeó inicialmente siguiendo protocolos estándar de relajación (Overall, 1997). Una vez que los perros mostraban consistentemente músculos relajados, respiración más lenta y posturas tranquilas, se añadió la señal verbal “relájate”. Posteriormente, la señal se practicó en contextos interiores tranquilos hasta que el comportamiento se volvió fiable.
Basándose en el fenómeno según el cual las señales asociadas a la seguridad pueden funcionar posteriormente como inhibidores condicionados del miedo (Rescorla, 1969), la señal verbal se introdujo en exteriores durante situaciones en las que los perros estaban en el umbral.
Para los fines de este artículo, estar en el umbral se refiere a patrones observables como: desplazamiento del peso hacia adelante, mirada fija, musculatura tensa, boca cerrada, desinterés por recompensas alimenticias de alto valor, orientación sostenida hacia un estímulo con desenganche espontáneo limitado mientras el perro aún permanece receptivo al tutor (por ejemplo, responde a señales previamente aprendidas).
Este estado suele preceder agrupaciones de comportamientos reactivos como ladridos, embestidas o aproximaciones aceleradas al estímulo.
La señal no evocó relajación directamente. En cambio, con frecuencia precedió una sacudida de todo el cuerpo, seguida de un retorno a un estado por debajo del umbral, indicado por: reanudación de la ingesta de comida, respuesta a señales familiares, desconexión del estímulo.
Por el contrario, la señal no provocó sacudidas cuando los perros estaban completamente relajados.
La señal se entrenó dentro de un protocolo de relajación y posteriormente se amplió emparejándola con el estado de baja excitación que el protocolo buscaba desarrollar. No pretendía producir una postura específica, sino indicar y facilitar el estado subyacente de relajación, que puede expresarse mediante múltiples comportamientos.
Como se muestra en los estudios de caso, la señal también evocó otros comportamientos coherentes con el protocolo de relajación y con el funcionamiento por debajo del umbral, como lenguaje corporal más suave, reanudación de la ingesta de comida y mayor capacidad de respuesta a señales.
El punto relevante reportado aquí es que, en estos dos perros, la señal también precedió con frecuencia una sacudida de todo el cuerpo seguida de recuperación conductual. La sacudida en sí no se entrenó como respuesta señalada; fue un comportamiento transicional observado que apareció asociado al estado relajado señalado.
Aunque se basa solo en dos perros y es claramente preliminar, este patrón sugiere que una señal condicionada de “relajar” podría aumentar la probabilidad de una sacudida durante las primeras transiciones de excitación. La interacción entre una señal condicionada de «relajación» y la probabilidad de sacudidas surgió de forma inesperada y puede justificar futuros estudios.
La siguiente sección presenta un estudio de caso detallado con referencias de vídeo integradas para respaldar las descripciones del comportamiento, seguido de un ejemplo más breve que muestra cómo se aplicaron estas estrategias en un contexto diferente.
Mini estudio de caso
Mestizo de Black Mouth Cur («Héctor»)
«Héctor», un macho castrado, de 36 kg, mestizo de Black Mouth Cur (Boca negra), adoptado de una organización de rescate en Texas a la edad aproximada de 18 meses, trabajó con el autor entre 2020 y 2023 en un programa que incluía modificación de conducta, paseos estructurados predecibles, trabajo de relajación en interiores y enriquecimiento. Un segundo paseador de perros entrenado por el autor apoyó el caso a partir de 2022. La medicación inicial incluía 30 mg diarios de fluoxetina, que se sustituyó por 37,5 mg diarios de venlafaxina a finales de 2023 tras un aumento de la excitación, al mismo tiempo que a Héctor se le diagnosticó una patología en los ligamentos de la rodilla. Las complicaciones tras la intervención quirúrgica llevaron a la amputación y, finalmente, al fallecimiento del perro a principios de 2025.
Héctor mostraba un comportamiento reactivo hacia los perros, las personas, la fauna silvestre, los objetos en movimiento y los sonidos mecánicos, como las puertas de garaje. Al pisar el exterior, su excitación basal era constantemente alta: escaneo, olfateo del aire, porte rígido de la cola, jadeo superficial, tensión facial, congelación intermitente y reducción del interés por la comida. En el interior y en el jardín, su lenguaje corporal se suavizaba y se interesaba por la comida de forma más fiable. Antes de la intervención, las sacudidas eran poco frecuentes durante los paseos y aparecían principalmente en el interior, después de llegar a casa y quitarse todo el equipo.
El trabajo conductual ya en marcha incluía la gestión de la calle con baja excitación (lugares predecibles y tranquilos, manteniéndolo por debajo del umbral), trabajo clásico de relajación en interiores y rutinas estructuradas de observación de la vida silvestre. El refuerzo del sacudirse se incorporó a este marco a partir de 2021. Los sacudones espontáneos se captaban y se reforzaban con alimentación dispersa, breves oportunidades de búsqueda de comida o un aumento de la distancia cuando él notaba los desencadenantes sin escalar. Por ejemplo, las sacudidas espontáneas se reforzaban tanto en contextos neutros como en contextos límite. Al principio, él ofrecía sacudidas principalmente en casa después de volver de los paseos, y yo las reconocía constantemente con elogios tranquilos y, a menudo, las seguía con comida. Paralelamente, entrené un protocolo de relajación y emparejé el estado de relajación con una señal verbal («relájate»). Más tarde, comenzó a ofrecer sacudidas al aire libre en situaciones en las que antes se ponía rígido, se fijaba y, a menudo, escalaba hasta un episodio reactivo. Cuando mostraba un lenguaje corporal en el umbral después de notar un desencadenante (la mayoría de las veces perros o animales salvajes), utilizaba la señal entrenada «relájate» y reforzaba cualquier sacudida posterior inmediatamente mientras permanecía por debajo del umbral. Observé un aumento de las sacudidas más allá del contexto original del hogar, incluyendo su aparición en situaciones relacionadas con desencadenantes en las que no las había visto anteriormente.
Esta señal de relajación condicionada provocaba con frecuencia una sacudida seguida de un visible suavizamiento del lenguaje corporal (transición a un nivel inferior al umbral), incluyendo la reanudación de la ingesta de alimentos, la respuesta a señales familiares y la desconexión de los estímulos o desencadenantes ambientales.
Dos ejemplos en vídeo ilustran este trabajo. En un contexto de vida silvestre en 2022 (vídeo 2), un ciervo se levantó repentinamente al otro lado de una valla. Héctor se orientó hacia el ciervo y se quedó rígido. El guía mantuvo la correa suelta y le indicó que «siguiera adelante»; tras dar unos pasos, Héctor realizó un movimiento espontáneo para sacudirse y pudo alejarse del ciervo. En otro clip de 2022 (vídeo 4, 9), vio a un perro al otro lado de una carretera tranquila a una distancia manejable. La familiar señal táctil y la tranquila indicación de «relájate» produjeron una sacudida, tras la cual pudo dar media vuelta y buscar comida en la hierba.
Entre 2021 y 2023, la recuperación de Héctor tras las exposiciones se aceleró, las secuencias de congelación y mirada fija se acortaron y las sacudidas espontáneas aparecieron con mayor frecuencia como reinicios transitorios. Aunque estas observaciones siguen siendo descriptivas y no están contrastadas experimentalmente, el caso sugiere que reforzar las sacudidas puede ayudar a regular las emociones en el momento, cuando se utiliza junto con planes integrales de modificación de la conducta.
Ejemplo ilustrativo: schipperke (el perro de la autora)
El schipperke de la autora, adoptado de un criador a las 8 semanas de edad, mostró signos tempranos de miedo y sensibilidad sensorial. El cachorro dudaba en acercarse a personas desconocidas, se asustaba fácilmente con movimientos o ruidos repentinos, ladraba ante los sonidos del exterior y era sensible al tacto y al manejo. Cuando se le acercaban o le tocaban mientras dormía, en ocasiones gruñía o mordía. En casa, se dedicaba a lamerse y chuparse repetidamente a sí misma y a sus juguetes. En el automóvil, se mostraba inquieta y vocalizaba. Al aire libre, mostraba un gran interés por los animales y objetos que se movían rápidamente, pasando con frecuencia a un estado de excitación límite sin mostrar un comportamiento reactivo manifiesto. Solía intentar perseguir gatos y pájaros con un comportamiento de persecución rígido. Estos últimos patrones eran más propios del interés depredador típico de la raza que del juego de un cachorro. No mostraba comportamientos de sacudida al aire libre, pero sí lo hacía en interiores en varios contextos, como después de jugar, al despertarse de la siesta o al volver de un paseo. Además de las habilidades básicas, su entrenamiento incorporó el mismo trabajo de relajación que con Héctor, habilidades de observación utilizando el principio de Premack (reforzar un comportamiento menos probable con el acceso a un comportamiento más probable, por ejemplo, sentarse a observar pájaros) y, más tarde, rutinas de entrenamiento sustitutivas de la depredación (Muller, 2020). Las actividades funcionales, como los juegos de búsqueda de olores, la alimentación dispersa y las sesiones estructuradas de tira y afloja, buscar y traer y jugar con la caña, funcionaron como actividades sustitutivas de la persecución y le ayudaron a desvincularse de los objetos en movimiento, lo que más tarde se trasladó a la fauna silvestre. Se la entrenó utilizando las mismas estrategias básicas y complementarias descritas anteriormente. En la edad adulta, ofrecía sacudidas espontáneas durante las transiciones cotidianas y después de cambios leves de excitación.
Los ejemplos en vídeo ilustran esta generalización: en 2024, realizó una sacudida espontánea tras desconectarse de un cuervo (vídeo 1). En 2025, realizó una sacudida espontánea después de seguir al marido de la autora y de que él le pidiera que se detuviera y volviera a su lado (vídeo 7). Más tarde, en 2025, se alejó de un animal muerto que había estado olfateando, realizó una sacudida espontánea y continuó el paseo (vídeo 8). Estas situaciones reflejan las secuencias de comportamiento interrumpidas descritas por Bryce et al. (2024), en las que las sacudidas se producían comúnmente después de que un comportamiento en curso se detuviera o se redirigiera, lo que requería que el perro cambiara rápidamente de actividad. Si las sacudidas contribuyen a la regulación a la baja, pueden ayudar a los perros a pasar de una actividad a otra. Muchos perros pasan naturalmente de olfatear a caminar, de saludar a caminar, o de jugar a moverse más tranquilamente, etc. Sin embargo, algunos perros no muestran estas transiciones con tanta facilidad, y la ausencia de un comportamiento de transición puede dificultar los cambios de actividad. Por lo tanto, cuando los cuidadores interrumpen una actividad (por ejemplo, alejando a un perro del juego o de la vida silvestre mediante una correa o un arnés), puede surgir la frustración y dar lugar a comportamientos como mordiscos, saltos o tarascones/mordidas. Para estos perros, el acceso a un comportamiento de transición, como sacudirse, puede facilitar la regulación y el paso a una actividad más tranquila, reduciendo la necesidad de que el cuidador fuerce físicamente o retire al perro. Estos ejemplos sugieren que la estrategia puede generalizarse en todas las etapas de desarrollo y sistemas motivacionales. Más allá de estos dos perros, aparecieron patrones similares en una serie de casos de clientes, que se resumen en la siguiente sección sobre observaciones de campo y participación de los cuidadores.
Description: Vídeo 1. Se le da la orden al schipperke de que ejecute «gyere» («ven») mientras observa atentamente a un cuervo y se sacude voluntariamente antes de responder a la orden.
Description: Vídeo 2. Un perro mestizo de boca negra realiza una sacudida voluntaria después de que un ciervo aparece de repente a poca distancia. Se le da la orden «sigue adelante», realiza la sacudida y se aleja del ciervo. A continuación, se refuerza el comportamiento con comida. El perro tiene antecedentes de comportamiento reactivo.
Description: Vídeo 3. Un schipperke gruñe y ladra tras salir del jardín. El guía le da una orden de interrupción positiva («cheese»), un marcador que predice una recompensa específica entregada con la mano. El perro realiza una sacudida voluntaria antes de ejecutar la orden.
Description: Vídeo 4. Un perro mestizo de boca negra realiza una sacudida voluntaria tras una señal del guía con la mano sobre el hombro, una señal previamente entrenada durante los protocolos de relajación.
Description: Vídeo 5. Durante el entrenamiento de reactividad, un labradoodle observa la silueta inusual de un transeúnte y realiza una sacudida voluntaria. El entrenador marca el comportamiento verbalmente y el cuidador le da una recompensa en forma de comida.
Description: Vídeo 6. Un mastín mestizo observa a las ovejas a distancia, realiza una sacudida voluntaria y se desvincula del estímulo.
Description: Vídeo 7. Un schipperke investiga un pequeño animal muerto. El guía le da la orden «sigue adelante» (en húngaro) y el perro realiza una sacudida voluntaria antes de ejecutar la orden.
Description: Vídeo 8. Un schipperke busca a una persona. El guía detiene la tarea y le da la orden de «heel» (junto). El perro realiza una sacudida voluntaria antes de ejecutar la orden.
Description: Vídeo 9. Personas y perros pasan a cierta distancia por la carretera mientras el guía aumenta la distancia con respecto a los desencadenantes utilizando trozos de comida. El perro sigue mostrando comportamientos compatibles con el umbral de reactividad. Cuando el guía le da la orden «relájate», el perro realiza un comportamiento de sacudida.
Observaciones sobre el terreno y participación de los cuidadores
A lo largo de cinco años de casos de entrenamiento y consultoría conductual, se observaron de forma frecuente sacudidas espontáneas de todo el cuerpo en momentos de transición natural en perros reactivos (tal y como se han definido anteriormente) y en perros que mostraban comportamientos adolescentes intensos, como saltar, lanzarse, tirar de la correa, morder, dar pellizcos y ladrar. Estas observaciones no se recopilaron mediante una codificación formal ni una puntuación ciega, sino que representan patrones repetidos y basados en la práctica en casos no relacionados y entornos variados.
Las sacudidas solían aparecer tras breves momentos de control de impulsos (la capacidad de un perro para detener o inhibir una respuesta inmediata a un estímulo el tiempo suficiente para realizar un comportamiento alternativo), como apartarse de un desencadenante, alejarse de un olor interesante o desconectarse de un estímulo valioso. Con un refuerzo constante, muchos perros comenzaron a ofrecer sacudidas antes, mientras la excitación iba en aumento, de modo que o bien permanecían por debajo del umbral o no progresaban hacia una reactividad por encima del umbral. Los cuidadores solían informar de períodos de recuperación más cortos desde el estado en el umbral y de retornos más rápidos a actividades de menor excitación a medida que se desarrollaban los historiales de refuerzo.
En los dos perros que fueron tratados con la estrategia complementaria, se observó un patrón constante. La señal verbal «relájate» no provocaba sacudidas cuando los perros se encontraban en un estado de relajación total, pero sí las precedía sistemáticamente cuando los perros presentaban un nivel de excitación leve o se encontraban en el umbral. Este efecto se observó por primera vez en el perro mestizo de boca negra («Héctor») y posteriormente apareció en el schipperke de la autora, entrenado con la misma rutina. En el caso de Héctor, la secuencia —señal, sacudida, relajación— también fue reproducida por un segundo cuidador entrenado para utilizar la misma señal verbal. Aunque se trata de un caso anecdótico, la replicabilidad en dos perros y dos cuidadores sugiere que las sacudidas pueden estar especialmente presentes durante las primeras transiciones de excitación cuando se asocian con una señal de seguridad condicionada.
A medida que los cuidadores se volvieron más consistentes a la hora de detectar y reforzar las sacudidas, muchos informaron de un aumento generalizado en la conciencia de las señales de comunicación de sus perros. Algunos describieron que el perro se sacudía con más frecuencia; otros comentaron que sus perros se sacudían con más frecuencia. Este aumento puede reflejar en parte los efectos del refuerzo y, en parte, una mayor sensibilidad del observador, ya que los cuidadores mejoraron su capacidad para detectar el comportamiento. En ambos casos, los cuidadores describieron una mayor confianza y un cambio hacia el refuerzo de las transiciones adaptativas en lugar de la supresión del comportamiento no deseado. Muchos cuidadores de perros reactivos describieron un patrón consistente en tensar o tirar de la correa inmediatamente cuando aparecía un estímulo desencadenante, incluso a gran distancia. Cuando empezaron a fijarse en los gestos de sacudida, indicaron que eran más conscientes de su propio manejo y esperaban a ver si se producía una sacudida a distancias en las que el perro percibía el estímulo desencadenante pero aún no reaccionaba. Describieron que esto reducía su impulso de alejar al perro. Estos patrones concuerdan con los hallazgos de la medicina conductual veterinaria, donde Talamonti et al. (2015) informaron de que la adherencia de los propietarios mejora cuando los planes de tratamiento son claros, manejables y se ajustan al tiempo y las habilidades disponibles del cuidador. Los estudios sobre la formación de hábitos en humanos apuntan en la misma dirección: los comportamientos que requieren poco esfuerzo y se repiten en contextos estables se mantienen de forma más consistente que aquellos que requieren un control cognitivo continuo (Wood, 2019). Esto respalda la idea de que captar las sacudidas espontáneas se adapta bien a las rutinas cotidianas de los cuidadores.
Una observación práctica recurrente fue que a los perros solía costarles sacudirse todo el cuerpo cuando la correa estaba tensa. Algunos iniciaban el gesto con un breve movimiento de cabeza, pero eran incapaces de completar la secuencia, y el lenguaje corporal tenso solía persistir hasta que se volvía a aflojar la correa. Por lo tanto, enseñar a los cuidadores a mantener la correa floja se convirtió en un componente importante para permitir que los sacudones se produjeran de forma natural y se reforzaran durante los paseos. El objetivo es que los cuidadores manejen la correa de manera que el perro pueda percibir, explorar, desengancharse y recuperarse sin que se le desequilibre físicamente ni se le empuje más allá de su límite. Para ello, me baso en gran medida en las habilidades con la correa larga de Grisha Stewart y en la técnica de la «correa sedosa», así como en los juegos y ejercicios del libro Walking Together de Simone Müller, que reducen los tirones mediante el entrenamiento tanto del perro como del cuidador. Dado que la mecánica de la correa y el entrenamiento estructurado con correa suelta son temas muy amplios en sí mismos y no son específicos de las sacudidas, he decidido no incluir los procedimientos completos de entrenamiento en este artículo. Aunque las habilidades con la correa suelta son fundamentos necesarios para el trabajo con perros reactivos, detallarlas aquí desviaría la atención del tema central de las sacudidas y su potencial contribución a la regulación emocional. Creo que ese nivel de detalle sería más apropiado para un artículo aparte dedicado específicamente al trabajo con la correa o al entrenamiento de perros reactivos.
En conjunto, estas impresiones basadas en la práctica sugieren que reforzar los movimientos espontáneos de sacudida puede ayudar a los perros a reducir los niveles elevados de excitación de forma más eficaz, al tiempo que aumenta la participación de los cuidadores, su capacidad de observación y respuesta a los cambios en el estado conductual de sus perros. Estas observaciones sientan las bases para las secciones siguientes, en las que se analiza su significado práctico en la discusión y, a continuación, se examinan las limitaciones y las necesidades de investigación futuras de este enfoque.
Discusión
Las observaciones de este artículo sugieren que las sacudidas pueden desempeñar un papel más matizado que el descrito por etiquetas tradicionales como desplazamiento o conducta de corte. En los casos revisados, las sacudidas aparecieron en puntos naturales de transición y con frecuencia fueron seguidas por un suavizamiento visible del comportamiento.
Cuando se reforzaban de manera consistente, varios perros comenzaron a ofrecer sacudidas más temprano en las secuencias conductuales que anteriormente conducían a la escalada, aumentando la posibilidad de que el comportamiento estuviera disponible durante cambios tempranos de excitación.
Resultados empíricos recientes respaldan esta interpretación. Bryce et al. (2024) informaron que las sacudidas eran más comunes entre categorías conductuales y después de interrupciones, un patrón consistente con las observaciones de campo presentadas aquí. De forma similar, un estudio sobre manejo restrictivo (Cisneros, 2025) encontró que los perros mostraban sacudidas corporales inmediatamente después de una breve restricción, interpretadas como parte de un periodo corto de transición tras estrés leve.
En conjunto, estos estudios proporcionan evidencia convergente de que las sacudidas corporales suelen surgir durante cambios desde estados de excitación elevada o tras interrupciones momentáneas. Sin embargo, estos paralelismos siguen siendo descriptivos más que explicativos, y los mecanismos subyacentes —regulación de la excitación, reinicio biomecánico, historia de refuerzo o combinación de factores— aún no se comprenden completamente.
Dentro del marco LIFE (Least Intrusive, Functionally Effective), este enfoque se basa en aumentar la elección significativa y apoyar conductas funcionales relevantes para el bienestar (Fernandez, 2024). Principios paralelos en los Estándares de Práctica Conjuntos (IAABC, 2025) enfatizan procedimientos no aversivos junto con la atención al bienestar emocional, la elección, el control y la agencia.
Reforzar un comportamiento transicional natural, como una sacudida, puede apoyar estos principios al proporcionar acceso al refuerzo sin exigir obediencia a señales, restricción física o supresión de conductas comunicativas.
Además, las sacudidas ofrecen una ventaja práctica: son fáciles de reconocer y de reforzar por parte de los cuidadores, lo que facilita respuestas más consistentes ante cambios emergentes de excitación.
Limitaciones
Las interpretaciones presentadas aquí se basan en observaciones derivadas de la práctica, no en investigación controlada. Los datos no se recopilaron mediante codificación formal, evaluación ciega ni grupos de comparación, lo que limita su fiabilidad y generalización.
La variabilidad individual fue considerable. Los perros diferían en: frecuencia de sacudidas, contextos en los que aparecían, secuencias conductuales posteriores.
No todas las sacudidas reflejan necesariamente un proceso regulador, e interpretar el movimiento sin considerar el contexto sería inapropiado, especialmente en casos que involucren miedo, dolor o problemas médicos subyacentes.
Además, tanto la estrategia central como la complementaria se implementaron dentro de planes de modificación conductual multicomponente, que incluían: manejo ambiental, refuerzo de conductas alternativas, asesoramiento a cuidadores, ajustes farmacológicos, consideraciones de salud física.
Estas influencias superpuestas hacen imposible aislar contribuciones causales del refuerzo de sacudidas por sí solo.
Investigación futura
La investigación futura debería examinar si reforzar las sacudidas influye en su temporización o disponibilidad durante cambios de excitación.
Los estudios que incorporen medidas fisiológicas, como variabilidad de la frecuencia cardíaca, dilatación pupilar, cortisol salival, podrían ayudar a determinar si las sacudidas corresponden a cambios autonómicos identificables.
Observaciones estructuradas en refugios, clínicas veterinarias y entornos de exposición controlada también podrían clarificar cuándo ocurren las sacudidas y cómo se relacionan con las transiciones conductuales.
Otra línea prometedora se refiere al uso de señales condicionadas de seguridad, como la descrita en la estrategia complementaria. Aunque su uso existe anecdóticamente en varias tradiciones de entrenamiento, su función no ha sido evaluada científicamente en perros.
La investigación futura podría evaluar si una señal entrenada como inhibidor condicionado de amenaza puede establecerse de forma fiable, contribuye a la recuperación conductual, aumenta la probabilidad de sacudidas durante transiciones tempranas de excitación.
En conjunto, estas líneas de investigación ayudarían a determinar si las sacudidas apoyan de forma fiable la regulación emocional, cómo interactúan con los procesos de excitación y cómo podrían incorporarse en programas de entrenamiento basados en evidencia.
Conclusión
Las observaciones basadas en la práctica revisadas aquí sugieren que las sacudidas corporales pueden marcar puntos de transición durante cambios en el nivel de excitación y, con frecuencia, ir seguidas de una recuperación conductual más clara.
Cuando se refuerzan, algunos perros comenzaron a sacudirse más temprano en secuencias conductuales que previamente tendían a intensificarse, creando un momento natural que favorecía el desapego del desencadenante y el retorno a comportamientos por debajo del umbral. Reforzar las sacudidas puede apoyar la agencia del perro, ya que el comportamiento es iniciado por el propio animal, su momento es elegido por él —en lugar de ser impuesto mediante señales o intervención física— y permite al perro volver al movimiento voluntario y a la recopilación de información del entorno.
El refuerzo aumenta el acceso a un comportamiento transicional seleccionado por el propio perro, sin suprimir señales de comunicación ni exigir restricción física o cumplimiento de obediencia por parte del manejador. Este enfoque se alinea con aproximaciones no aversivas y basadas en la elección, que priorizan la agencia y la seguridad emocional. En este contexto, la seguridad emocional se refiere a condiciones en las que el perro permanece por debajo del umbral, capaz de observar, desengancharse del estímulo y recuperarse conductualmente.
Resulta llamativo que un comportamiento tan simple y natural pueda tener valor práctico para ayudar a los perros a navegar cambios en la excitación. Una comprensión científica más completa de las sacudidas —y de cómo se relacionan con la ansiedad, la excitación y la recuperación— podría contribuir a refinar la manera en que se integran en planes de entrenamiento y modificación de conducta.
Los estudios controlados serán esenciales para determinar si estos patrones se generalizan entre individuos y contextos, y para esclarecer los mecanismos que los subyacen.
Declaración de ética
Este artículo presenta observaciones basadas en la práctica provenientes de perros atendidos en sesiones de entrenamiento y consulta conductual, junto con el propio perro de la autora. El trabajo se presenta con fines de generación de hipótesis, más que como un estudio de investigación controlado.
No se realizaron procedimientos más allá del entrenamiento estándar, la gestión ambiental y el trabajo de apoyo conductual. Los cuidadores proporcionaron consentimiento informado para la inclusión de material de casos, y se obtuvo permiso adicional para cualquier contenido de video compartido.
Agradecimientos
Krisztina Harasztosi desarrolló este artículo a partir de técnicas originales y observaciones de campo basadas en la práctica.
El refinamiento del lenguaje, el formato de citas y la edición estructural se realizaron con apoyo de ChatGPT-4.
Kevin Hamilton proporcionó generosamente asesoría editorial y recomendaciones científicas de redacción.
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